
No quiero que lo veáis como una forma poco optimista de entender la existencia, pero me viene a la mente el sombrío pensamiento de que ayer por fin José Luis López Vázquez salió de la cabina.
Tendré que atribuírselo al enorme impacto que causó en mí el cortometraje para TV de Antonio Mercero ("La cabina" (1972), como diría él: parábola abierta a todo tipo de interpretaciones según la sensibilidad de cada uno), más que a la biografía de su genial intérprete, como todos sabemos, de una vitalidad admirable.
En cualquier caso, descanse en paz y gracias por todo.



