
Parece ser que los posicionamientos más contestatarios contra el saqueo de los recursos naturales del planeta han sido tomados por los autores de documentales tipo "Home" o "An inconvenient truth", estandartes de la subversión políticamente correcta. Supongo que los conocéis, y si no, se pueden ver gratuitamente en la red. Todos ellos nos lanzan la moralina final que viene a decir que, si somos buenos, sembraremos la superficie de la tierra de generadores eólicos y placas fotovoltaicas. A mí ésta es una estampa que no me satisface en absoluto, más bien todo lo contrario, y que conste que entiendo que tan artificial es un campo de olivos plantado en retícula prefecta de diez por diez como una huerta (así las llaman ellos) de placas solares. Aunque valga también decir que con los campos de olivos hemos convivido miles de años y no parece que vaya a ser posible que suceda lo mismo con estos otros.
¿Por qué nadie habla de cambiar nuestros hábitos, de consumir lo imprescindible, de renunciar a supuestas comodidades que no son más que burdos despilfarros? ¿Por qué parece que sea tan malo decrecer cuando a estas alturas ya somos todos conscientes de que el crecimiento no puede ser sostenible? Supongo que las respuestas tienen mucho que ver con las inercias del capitalismo y de la sociedad de consumo, por no hablar de que a buen seguro es más difícil convencer al personal de que resulta más rentable invertir en educación que en tecnología.
Aunque cada uno de los temas apuntados más arriba daría como para hacer un blog por sí solo, no quiero extenderme demasiado en ninguno de ellos. No hay posibilidad de una militancia fructífera al respecto. Ya reaccionaremos cuando no quede más remedio. Mientras tanto aprovechemos los buenos precios a los que se pueden conseguir las televisiones de plasma y otros artilugios fundamentales para el hombre moderno. Pero una cosa es asumir que los ecologismos que nos quieren vender son puras falacias, y otra es que nos traten directamente de imbéciles con inventos como el de los arbolillos fotovoltáicos de la imagen que ilustra esta entrada. Otros mundos son posibles, pero mucho me temo que ya no estén en éste.