miércoles, 9 de febrero de 2011

Qwerty


Tras el preceptivo periodo de formación en las más insignes escuelas y facultades, y consciente del don con el que había sido agraciado, el artista se refugió en su estudio para poder desarrollar, sin distracciones de ningún tipo, la obra genial por la que habría de ser universalmente admirado en el futuro.

Fueron años de encierro silencioso, dedicados a construir esa obra maestra que sin duda justificaría toda su existencia. Creía tener asumido que el papel del artista creador no era seguir las leyes establecidas por otros, sino hacer las suyas propias, y así buscaba todavía la originalidad sin haber aceptado aún que no sería nunca un precursor, pues no era consciente de que el artista no puede aspirar a nada más que a plasmar su época y, a lo sumo, dejar ese registro en la memoria colectiva.

Así, tras un encierro largo y después de muchas y profundas meditaciones, se decidió por fin a pulsar una tecla, y justo después otra, seguida de otras dos rápidas percusiones, a las que sucedió, inmediatamente, una última.

Quizás después de todo había comprendido por fin que, como artista, no era necesario pretender ir adelantado a su tiempo, pues ya se encargaría el público en general de retrasarlo. Sacó la página de la máquina de escribir y la dejó encima de la mesa. Esas cinco letras en medio de la hoja en blanco habían significado el trabajo de toda una vida, y ahí quedaba su obra literaria para la posteridad:


Qwerty


¿Cabe mayor ambición a aquel que siente que ha de terminar siendo el espejo en el que los demás (la sociedad, en el mejor de los casos) se verán reflejados? ¿O es que acaso puede la obra artística ser algo más que un testimonio de esos reflejos?

8 comentarios:

Rafa Torres dijo...

Grande!

También me lo dijiste el otro día, mientras cocinabas calçots: "pero quién ha dicho que queremos pervivir????"

Hay que saber vivir, y sufrir lo mínimo... que no es poco.

Un abrazo, José Lorente. Tu blog es muy enriquecedor.

almalaire dijo...

Pues la unidad de efecto e impresión la tiene plenamente garantizada ;)

Un beso, Jose

Isabel Martínez Barquero dijo...

Qué veneno es cuando se lleva en la sangre la pulsión irresistible de crear. Horas y horas dedicadas, días, meses, años, lustros, decenios y hasta toda una vida para que, al final, resulte nada, un mero espejismo. Pero es mejor no meditarlo demasiado. ¿Para qué si no se sabe uno resistir a eso, al vicio más solitario y fascinante que existe? No se conocen antídotos cuando el impulso la creación circula por la sangre. Nosotros, pobres humanos, creemos -cuando estamos sumergidos en ella- estar haciendo algo potable, pero...
Y, por supuesto, lo quiera o no, el creador refleja su tiempo, no puede escaparse de sus coordenadas temporales, aunque hay muchos que se anticipan con su manera de enfocar el mundo, los precursores a quienes te refieres. Pero tengo entendido que la felicidad no les viene precisamente en el lote de su vida.

En fin, querido Jose, un tema este sobre el que podría enrollarme muchísimo. Y tratado por ti con gran maestría, con un gran poder de evocación y ecos que recogen la disyuntiva vida-arte que tantas veces duele, escuece y levanta ampollas.
Un placer la lectura, amigo mío, un auténtico placer.
Un besazo como una catedral.

BLANCO dijo...

Con todos mis respetos hacia Qwerty, le quiero decir una cosa: Asdfgh.

Si eres igual de bueno como arquitecto que escribiendo, quiero vivir en una casa tuya.

Abrazo.

Alba 3,1416 dijo...

yo quiero vivir en la casa adosada Zxcvbn.
Besos

Estrella dijo...

Qué bonito sería vivir en
Winnipeg, Canadá!
En una casita
Rodeada de Naturaleza.
Todo un sueño! (acróstico para esta entrada).

No sé si Sholes pretendía pasar a la posteridad pero, si no lo consiguió, se quedó al alcance de nuestros dedos.

Carlos dijo...

Jose suscribo (pego y recorto en la imaginación) el segundo párrafo de la respuesta de Isabel, pues sus palabras siempre son más sabias y vienen a decir lo que yo pienso y también tú.
Pero lo original es la manera de presentar el tema como siempre. Se me acaba de ocurrir una obra maestra de la literatura en apenas una línea y una nota: abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz.
nota:combínese con imaginación y sin mesura.
Un placer reflexionar contigo. Un abrazo.

Jose Lorente dijo...

Rafa, esos calçots fueron una auténtica obra de arte, y el genio creador que los asó para vosotros pervivirá en vuestras memorias como la más célebre figura que el orbe de las fogatas haya dado jamás.

Alma, después de tantos años de reflexión, qué menos que cumplir con ese precepto fundamental.

Isabel, debe de haber algún tipo de conexión metafísica entre nosotros.

Blanco, no sé si soy tan bueno, pero hasta el momento es la herramienta con la que he ido pagando mis facturas.

Alba, Blanco ha estado un renglón por debajo de nuestro entrañable protagonista; tú has bajado uno más. No podemos permitir que esto siga decayendo.

Estrella, "Yo también lo pienso". Me encantan estos juegos, y supongo que me has dejado a mí la última línea.
El nombre de Sholes no dice mucho hoy en día, y sin embargo, ese orden de letras que él estableció para su invento es, sin duda, la secuencia algebraica más leída de todos los tiempos, y más al alcance de nuestros dedos, claro.

Carlos, es el problema de comentar después de Isabel. A mí también me sucede a menudo en otros blogs de amigos comunes. Parece mentira que se pueda sacar tanto partido a la combinación de esos 27 signos, y no me cabe ninguna duda de que tú eres uno de los que más juego sabes dar a esas composiciones.

Estupendísimos comentarios todos, una vez más. Un grandísimo privilegio el contar con comentaristas así. El tema da mucho de sí e insistiré acerca de él en próximas entradas.

Muchísimas gracias a todos por pasar por aquí y comentar.

Un abrazo fuerte.