lunes, 23 de enero de 2012

Descorrer el estúpido velo


Aceptar la muerte de mi padre me ha costado casi diez años, pues la vida no era concebible sin él; me lo había enseñado así y me había hecho creer que era inmortal... y le creí.

Así termina "Correr el tupido velo", la biografía de José Donoso escrita por su hija Pilar. Cierro el libro y un escalofrío me recorre todo el cuerpo. Pilar, Pilarcita, se suicidó en su piso de Santiago de Chile el pasado noviembre, algunos meses después de haber estado en España presentando el libro y de acercarse por Calaceite, el pueblo de su infancia y el lugar al que ella sentía pertenecer. Se había quedado dormida y ya no despertó, dicen que debido a la ingesta abusiva de medicamentos.

Pero "Correr el tupido velo" es mucho más que la biografía del escritor chileno: es la búsqueda de la propia identidad, una terapia, una necesidad de sanación, el ejercicio de descorrer los velos que ocultan lo más oscuro y abrumador del alma, en este caso del padre y también, aunque en mucha menor medida, de la madre. Y Pilar Donoso lo hace con una serenidad que conmueve, sin afectación, con enorme delicadeza ética y psicológica, tomando distancia de forma tan lúcida que resulta admirable y casi causa extrañeza, pues cabría pensar que precisamente ella, por ser parte implicada y fundamental en esa biografía, no pudiera o no supiera hacerlo. Pero lo hace, y muy meritoriamente.

Aproximadamente dos terceras partes del libro las forman extractos de los escritos que José Donoso había dejado en sus sesenta y cuatro cuadernos de notas (a modo de diarios de escritor) y fragmentos de su correspondencia personal. El resto son los comentarios que la autora va intercalando para hilvanar la biografía de su padre. Esos escritos de José Donoso, además de interesantísimos para conocer el proceso creativo del artista en la elaboración de sus obras (documentos magníficos para el que quiera adentrarse en las relaciones entre escritor y literatura), son de una contundencia demoledora en lo meramente personal. Y lo son fundamentalmente por su sinceridad, por ser la textualización directa del pensamiento íntimo, la confesión que se manifiesta sin cortapisas pues se escriben para uno mismo. Esa sinceridad desinhibida resulta en muchas ocasiones cruel y ofensiva. Debió de ser muy duro para Pilar (y así lo expresó en repetidas ocasiones) leer un material tan delicado y hurgar en esa cartografía mental torturada, angulosa y abrupta.


José Donoso era un tipo muy inteligente además de un gran escritor, pero no parece que fuera una buena persona. Tanta inteligencia acompañada de una muy acentuada egolatría no le favorecía. Envidiaba al resto de colegas hispanoamericanos que sin ser tan brillantes comenzaban a destacar en las listas de autores más vendidos. Su literatura no vendía. Carme Balcells, su agente literaria, bromeaba diciéndole que él era un "long seller". No me extrañaría que, por el deseo de quedar incluido en esa élite, él mismo alentara la denominación del fenómeno editorial llamado Boom de la literatura latinoamericana que aglutinaba a escritores como García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Carlos Fuentes y Jorge Edwards entre otros, muchos de los cuales pasaron por su casa de Calaceite  (allí llegó a principios de los 70 de la mano de su traductor al francés de "El obsceno pájaro de la noche", Didier Coste, que tenía en esa localidad fijada su residencia, harto de aclararle "chilenismos" por carta), convulsión cultural que aún se recuerda en el pueblo (confesaré que de ahí me viene principalmente el interés por el autor y su obra. Aquí podéis ver un documental del año 2005 de Emilio Ruiz Barrachina titulado "Tinta y piedra" que ilustra magníficamente este fenómeno de convivencia cultural en esta pequeña villa en la comarca del Matarraña, en el Bajo Aragón, en la franja limítrofe con Cataluña). Él quería formar parte de esa élite, era tan buen escritor o mejor que ellos pero sus libros pasaban desapercibidos para el gran público. Precisamente en Calaceite escribió el ensayo "Historia personal del Boom" donde recoge sus reflexiones al respecto. También aquí da forma a "Casa de Campo", una de sus novelas más ambiciosas y en la que pretendió plasmar esa vena onírica y experimental de la literatura latinoamericana de aquella época, con crítica política en forma de metáfora escondida de por medio, por supuesto. Sigue sin vender, como no había vendido "El obsceno pájaro de la noche", quizás su novela más enjundiosa, como no había vendido "Este domingo" ni "Coronación", más accesibles, o "El lugar sin límites", mi favorita. Fue una lástima (y una enorme desilusión para José Donoso) que no se llevara a cabo con Buñuel la versión cinematográfica a pesar de lo mucho que lo hablaron en amistosos encuentros tanto en Calanda como en Calaceite, pero ni la temática ni el director eran bien vistos por los censores españoles de la época y, en consecuencia, tampoco por los productores que aspiraban a rentabilizar la inversión. Finalmente "El lugar sin límites" fue llevada al cine por el mexicano Arturo Ripstein en 1977, y después de ver el resultado cuesta imaginar que el turolense hubiera podido hacer una película mejor, pero es igualmente una pena que los proyectos con Buñuel (ni ese ni después el de "El obsceno pájaro") no se materializaran. La de Ripstein fue Premio de la Crítica en el Festival de San Sebastián, y aún se me ponen los pelos de punta al recordar la escena (añadida a la historia original en el guión de Manuel Puig) del baile de la Manuela cantando "La leyenda del beso".

En Calaceite sigue estando su casa. Donoso era un hombre de casas, meticuloso hasta el último detalle con la decoración, la configuración de los espacios y el mobiliario, incapaz de habitar de forma provisional ningún lugar, aunque acabaran siendo estancias cortas. Pero en Calaceite vivió permanentemente de 1971 a 1974 y después esporádicamente como refugio al cual volver mientras estuvo en España, y de retiros voluntarios para concentrarse en la escritura hasta su retorno a Chile en 1981, e incluso después hasta que su hija Pilar contrajo matrimonio. Así, las piedras ancestrales del hermoso pueblo aragonés fueron testigo mudo de la redacción de muchas de sus páginas (Historia personal del Boom (1972), Tres novelitas burguesas (1973), Lagartija sin cola (1974, aunque publicada póstumamente en 2007), Casa de Campo (1978), La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria (1981), El jardín de al lado (1981), Poemas de un novelista (1981)). La casa se convirtió en lugar de encuentro con diversos personajes de la cultura como los citados Luis Buñuel, García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Jorge Edwards, además de Carlos Saura, Alfredo Bryce Echenique, Paco Rabal, Luis Goytisolo, Carlos Barral y Ana María Moix, entre otros, además de Mauricio Wacquez, Elsa Arana e Yves y Vigna Zimmermann que también quedaron afincados en el pueblo. Hoy la casa pertenece a Jane Alexander, una inglesa que la habita conservándola tal como la dejaron los Donoso, no está claro si por respetuoso conservacionismo o por falta de recursos. Ya afincado en su Chile natal, José Donoso se la vendió para disponer de metálico con el que hacer a su hija un buen regalo de bodas. Me han dicho que la actual propietaria es simpática y hospitalaria, así que espero poder visitarla algún día, antes de que se hundan los forjados.


Detesto a los que corren un tupido velo, por eso admiro el libro de Pilar Donoso, puesto que el título es una ironía de lo que realmente pretende y consigue: descorrer el velo, descubrir lo que esconden las máscaras, desvelar lo que ocultan las sombras. El precio que ha pagado ha sido muy alto, y ahora no me refiero tanto al suicidio como al rechazo de parte de la familia Donoso y al alejamiento de su marido (sobrino de José Donoso) y de sus hijos. Quizás haya llegado el momento de aclarar que Pilar era hija adoptiva, algo que hubiera podido ser irrelevante si no fuera por el desconocimiento del origen genético que emparentaba en el desamparo a Pilarcita y a José Donoso, atormentado este último por el síndrome del clochard, del eterno vagabundo, del que está en conflicto con su propia identidad que enmascara. Y nada más literario que enmascarar. José Donoso hizo de sí mismo un personaje literario y eso quiso hacer también con su hija Pilar.

Pero este libro no es una venganza contra ese intento de manipulación meticulosamente diseñado. Muchos lo han entendido así pero se equivocan radicalmente. Quizás esos familiares que le dieron la espalda a Pilar después de la publicación del libro no hicieron una lectura adecuada y entendieron que descorrer el tupido velo significaba empujar el cadáver del padre fuera del armario. Este es un error terrible. La homosexualidad del escritor se trata de forma muy aséptica, sin sutilezas, dándole la relevancia justa, y por lo que se desprende del libro ésta se ciñe a poco más que relaciones adolescentes y reminiscencias posteriores más bien volátiles. Sólo existe un documento, reproducido por Pilar en el libro, donde se cite textualmente la homosexualidad de José Donoso: "Mi homosexualidad pasiva y latente" escribe en una carta a su esposa María Pilar Serrano. En los cuadernos fue muy cuidadoso con este tema. Si alguien quiere leer entre líneas o sacar conclusiones más aventuradas allá él y sus intencionalidades, pero el testimonio vertido por Pilar en su libro, junto a la transcripción de los diarios de su padre, no invitan a ningún tipo de sensacionalismo al respecto. Otra cosa es que a algunos les convenga leer malintencionadamente para obtener algún tipo de beneficio para sus intereses maléficos de prensa amarilla, pero esa inclinación perversa no aparece por ningún lado en "Correr el tupido velo", al contrario, en todo caso trata de desmentirlos. Entiendo que el título está más relacionado con el hecho de quitar las máscaras al personaje que Donoso había creado literariamente para sí mismo y así afrontar mejor sus inseguridades, sus paranoias, sus hipocondrías, seguramente también sus conflictos sexuales, por descontado, pero esta era una máscara más, no "la" máscara. En este aspecto me inquieta que el título del libro hable de "el tupido velo" en determinado y no de "un tupido velo" en indefinido como se suele hacer en el uso habitual del lenguaje, pero ya me he referido al carácter irónico del mismo, y lo que pesa verdaderamente es el contenido de sus páginas. Por otro lado, se trata de una expresión que José Donoso utilizaba con frecuencia y que, por ejemplo, en "Casa de Campo" se repite constantemente.

Cuesta imaginar las causas que llevan a una persona al suicidio, pero en el caso de Pilar no creo que la razón última fuera la lectura de los diarios de su padre. Pilarcita los lee bien, no sin dolor, que conste, y saca conclusiones útiles para resolver sus conflictos tratando de explicarse la psicología compleja del padre. Nada en las reflexiones que vierte en su libro hace pensar lo contrario. Tardó ocho años en asimilarlos y en ordenar su discurso y se hace evidente que salió fortalecida de esa empresa. Sospecho que fue el rechazo de la familia Donoso y la separación de su marido y de sus hijos lo que la afectó hondamente, que los primeros no entendieran su libro, que no la aceptaran sin la máscara que José Donoso había diseñado tan literariamente para ella, pero es absurdo especular sobre el desencadenante último. También es especialmente inquietante, y más aún después de conocer lo sucedido, que José Donoso esbozara una historia en la que la hija se suicida después de leer los diarios personales que el padre había dejado para ella. Pilar la conocía y hablaba de ella como una anécdota más en las fantasías literarias del padre, pero confío en que no fuera el último pensamiento que atravesó su mente antes de rendirse con un sumiso "...vale, tú ganas".


En una entrevista para una revista de decoración publicada justo después de la edición chilena del "Correr el tupido velo" (ya hemos dicho que el interiorismo era una de las grandes pasiones de José Donoso, pero también de Pilar) contesta a las preguntas del cuestionario de Proust y nos la imaginamos razonablemente feliz*. Después de lo sucedido, se abren otras lecturas a esas respuestas.

* No quiero que nadie piense que hago trampas: la fotografía superior se publicó acompañando la entrevista de marzo de 2010 a la que me refiero, pero he podido saber que la instantánea fue tomada en mayo de 1999 para un reportaje aparecido con anterioridad en la misma revista ED, "Estilo de vida y Decoración", de Santiago de Chile. En imágenes más recientes no luce tan glamurosa, pero tampoco tanto menos como para sospechar semejante desenlace.

¿Cuál es su primer recuerdo doloroso?
Cuando me dijeron que era adoptada.
¿Qué se aprende del dolor?
Que uno está vivo.
¿Su mayor miedo?
La soledad.
¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento?
Escribir un libro.
¿Cuál es su más preciada posesión?
La memoria, el recuerdo, la conciencia del pasado, del ayer, del antes.
¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
En España, en un pueblo llamado Calaceite, durante mi niñez.
¿Qué es lo que le hace llorar?
Los juicios, el rechazo, la mentira.
¿Cómo le gustaría morir?
La muerte del justo, durmiendo.
¿Qué persona le ha influido más?
Mi padre.


La muerte es la ausencia de palabra.
José Donoso

6 comentarios:

Eastriver dijo...

No se me puede ocurrir hablar de otro modo de este libro. Porque no sólo hilvanas tantas cosas, tantos supuestos, tantas certezas, sino que al leerlo, acabando con la entrevista, con la foto, sin trampas efectivamente, permanece en la retina el verdadero sentido de ese sentimiento convertido en literatura (eso es su libro). Diría pobre Pilar, pero eso no le hubiera gustado nada. A nadie le hubiera gustado el adjetivo antepuesto. Es cierto que luce bien en esa foto, es cierto que su padre fantaseó con una hija que se suicida tras leer los diarios de su padre... Y sin embargo, a pesar de la tristeza de una vida extraña, permanece la sensación de que hizo siempre lo que más se pareció a lo que quería hacer. Si no lo logró siempre es porque la vida no es buena, ni noble ni sagrada.

Un abrazo admirado.

Daniel Domínguez dijo...

Una estupenda reseña, aunque decir "reseña" es decir bien poco. El caso es que despiertas el deseo de leer un libro que me tentó pero dejé de lado, vete a saber por qué. Coincido contigo en "El lugar sin límites", creo que es la pequeña gran obra de Donoso (lo leí en aquella colección Libro Amigo de Bruguera), y también en tu apreciación de la película (pude hablar con Manuel Puig en 1984 de la adaptación, en la que también intervino, entre otros, José Emilio Pacheco, ya lo contaré alguna vez). Creo que la vi en la 2 una noche tan sofocante como, por momentos, la propia novela. Y ahora, mientras escribo estas líneas, las tuyas me despiertan también el deseo de volver a ella, a "El lugar sin límite", que es lo que tiene la literatura (y el cine), que te hace querer volver al infierno. Y quizá entonces también al de Pilar. Muchas gracias por tu texto.
Un abrazo.

Carlos dijo...

Estoy con Daniel en que lo tuyo no es una reseña, sino una historia sobre una lectura. Una lectura entre líneas que se agranda con tus recuerdos y eleva al personaje(s) de la misma. Me gustan las lecturas que reflejan experiencias y me gusta que nos cuentes la tuya con ese mínimo detalle y esa precisión para ver donde nadie vio.
La historia esbozada por su padre convirtiéndose en algo real es realmente algo muy duro e inquietante. Gracias por tu apasionante escrito.
Un gran abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

En primer lugar, mi enhorabuena por esta entrada que he gozado como no puedes figurarte. Es magnífica, llena de datos que nos retratan y acercan a los protagonistas con precisión.
Después, decirte que me has abierto las ganas de leer el libro de Pilar, de indagar en esta historia.
Sin duda, los Donoso fueron seres peculiares, llenos de pasiones no siempre bien resueltas.
Un abrazo agradecido, Jose.

BLANCO dijo...

Estupenda entrada, Jose. Con muchas llamadas a las que atender. Calaceite. Donoso. Este libro en concreto del que hablas.
Me gustan mucho los "libros -y las películas- con padre". Quiero decir, libros en los que un hijo pone en cuestión la relación con su padre. Aunque creo que nunca leí ninguno escrito por una hija. Ya es hora.

Jose Lorente dijo...

Muchísimas gracias a todos por pasar por aquí y comentar. Me alegra comprobar que el caso Donoso no os resulta desconocido. A mí en concreto me toca muy de cerca y quería escribir algo para sacarme de encima la congoja que sentí tras lo ocurrido a Pilar. Si para Gabo era "vivir para contarla", parece que para ella fue "palmarla después de haber contado". Aún así, sospecho que nos hubiera podido contar muchas cosas más.

Un abrazo y hasta pronto.