martes, 12 de mayo de 2015

Non habemus Herr Direktor



Para algunos, el director de la Filarmónica de Berlín es un personaje tan relevante o más que el Papa de Roma. Se trata del hombre que está al frente de la orquesta más importante (no digo mejor, que conste, aunque podría decirlo) del mundo. Seguro que la comparación no agradará a muchos beatos, pero es significativo que el sistema para la designación de ambas figuras sea prácticamente el mismo. Para el pontífice son 183 los cardenales que se reúnen en cónclave vaticano; para la prestigiosa batuta se trata de los 124 músicos que integran la orquesta los que debaten, también a puerta cerrada y con igual secretismo, sobre quién los dirigirá desde la tarima.

Ayer se debería haber conocido quién sucederá a partir de 2018 a Simon Rattle como séptimo director de la Berliner Philharmoniker. Antes de él Claudio Abbado, Herbert von Karajan, Wilhelm Furtwängler, Arthur Nikisch y Hans von Bülow, sin contar el paréntesis de Leo Borchard y Sergiu Celibidache que también fueron titulares durante el proceso de desnacificación en el que se vio involucrado Furtwängler. Todos ellos nombres de mucho peso. Quizás sea Nikisch el que menos nos suene, pero apuntaré aquí que dirigió la orquesta durante 27 años - sólo Furtwängler (32) y Karajan (35) estuvieron más tiempo - y que a él debemos la primera grabación de una sinfonía completa, la quinta de Beethoven para el sello Deutsche Grammophon en 1913.

Así que el nombre del sucesor de Rattle se espera con mucha expectación entre los profesionales y aficionados a la música. Se barajaban algunos candidatos, pero sinceramente, y esta es una opinión personal, ninguno de ellos me parecía de suficiente entidad. Tampoco se consideraba a Simon Rattle cuando fue elegido en su día, allá por 2002, y sin embargo ha dado la talla con solvencia durante estos últimos años. El caso es que no veo al berlinés Christian Thielemann (dirige en Dresde y participa anualmente en Salzburgo y Bayreuth) ni al letón Andris Nelsons (actualmente en Boston) algo más innovador que el alemán pero de gustos semejantes, demasiada tradición germana para una orquesta que ya no se mira el ombligo; pero veo aún menos a  Gustavo Dudamel ocupando el lugar de Bülow con el chándal de Venezuela. Barenboim sería idóneo si no fuera porque en el momento de la sucesión tendrá más de setenta y cinco años. Mariss Jansons, otro de mis favoritos, está en la misma situación, inconveniente grave cuando la orquesta, con una media de edad de cuarenta años, busca un compañero de aventuras a largo plazo.

No se trata tanto de elegir a una estrella. La orquesta ya cuenta con 124 estrellas en sus filas. Todos sus músicos son primeras figuras, desde el último de los segundos violines hasta el primero de los flautines. Quien se ponga al frente alcanzará celebridad más allá de sus méritos anteriores. Aprenderá de esos intérpretes excepcionales embarcándose con ellos en un proyecto fascinante. Por  tanto, sea quien sea el elegido, la designación será más un premio que una propuesta de trabajo (aunque hoy en día cualquier oferta laboral ya lo parezca).

El caso es que ayer, después de posponer el anuncio en varias ocasiones, los miembros de la Orquesta Filarmónica de Berlín no fueron capaces de ponerse de acuerdo y finalmente se pospuso la elección hasta el año que viene. Seguirán pues las especulaciones al respecto. Pensemos en un director de orquesta actual que reúna las condiciones, que básicamente se reducen a no tener compromisos con otras orquestas de prestigio a partir de 2018 y a haber colaborado en más de una ocasión en el pasado y de forma siempre satisfactoria con la orquesta berlinesa.

Me encantaría apostar por Pablo González, que ha sido desde 2010 y hasta la presente temporada director de la OBC. Estará libre a partir de junio pero no me consta que haya dirigido a la Philharmoniker nunca. Ahora dispone de un año para hacer esos méritos, porque talento, al menos por lo demostrado en Barcelona, no le falta.

Esa-Pekka Salonen y Valeri Gérgiev. Dejo caer estos dos nombres y dentro de un año hablamos.