viernes, 9 de diciembre de 2016

Vitupera que algo queda


Sonaba como si se estuviera torturando, lentamente y hasta la muerte, a un grupo de ratas, mientras de vez en cuando, se oían los gemidos de una vaca moribunda.

Walter Abendroth en 1932 acerca del compositor estadounidense Wallingford Riegger

Es cierto que, a día de hoy, Riegger (en la imagen superior) no ha trascendido en la historia de la música al nivel de otros autores. de hecho, yo no sabía de su existencia hasta que leí esta crítica en "Repertorio de vituperios musicales" (Nicolas Slonimsky, TAURUS 2016), pero  está claro que el crítico alemán fue intencionadamente excesivo en su comentario, incluso en el caso de que la obra comentada (Dicotomía, 1931) fuera tan aborrecible, que no lo es en absoluto.

El libro de Slonimsky está lleno de insultos semejantes (no todos tan divertidos) lanzados por críticos de renombre contra compositores que, en mayor o menor medida, han marcado el devenir del arte musical en los últimos dos siglos. En muchos de ellos se detecta un miedo obtuso por lo desconocido, espanto comprensible ante determinadas propuestas, igual que sucede en otros ámbitos de la creación artística, pero me parece admirable que, también en esas situaciones en que no se está entendiendo nada de nada, uno tire de arrojo y se atreva a pegarse una sobrada de tal calibre y en tono tan humorístico.

A mí, por lo menos, me ha quedado el interés tanto por un compositor muy meritorio, como por un crítico musical con una interesantísima bibliografía.

Además, estoy deseando plagiar esta crítica la próxima vez que escuche algo que me desagrade y espero que el interpelado se lo tome con la misma guasa.