
En ocasiones el deterioro es tan importante y tan generalizado que no vale la pena plantearse una rehabilitación. Asumida la reconstrucción se hace necesario tomar una decisión sobre qué hacer con las viejas ruinas: completar la demolición y eliminar todo rastro de lo anterior; dejarlas como testimonio y esperar que el tiempo haga el resto; conservarlas asumiendo lo que de grotesco tiene el mantenimiento de una ruina (aunque sepamos de muchos ejemplos en la línea del parquetematismo, tan al uso). Y en relación a la nueva obra, podemos edificar encima de los antiguos escombros o buscar otro emplazamiento más o menos alejado del anterior. Supongo que en este punto cada cual dará un valor determinado a la memoria. No querría bajo ningún concepto hacer juicios de valor al respecto, pero sí me atrevería a decir que encuentro un cierto matiz morboso en convivir con los cascotes resultantes de esos derrumbes, porque una cosa es el olvido y otra muy distinta es no perder nunca de vista el desolado paisaje de la destrucción.
Espero poder levantarme cuantas veces sea necesario y no olvidar nunca las circunstancias que dieron lugar a esas caídas y a esas remontadas, pero cada vez que me ponga en pie sacudiré el polvo de mis ropajes para presentarme incólume a recibir lo que esté por venir, tanto los lustres como los embrutecimientos.
____________________________________________
La imagen pertenece al pueblo viejo de Belchite tal como puede verse hoy en día. En él se desarrollaron durante la guerra civil una serie de operaciones militares que arrasaron por completo el núcleo urbano. Pasada la contienda se levantó el pueblo nuevo de Belchite colindante a las ruinas del viejo, cuyos últimos habitantes no las abandonaron hasta 1964. Durante algún tiempo se consideró la posibilidad de conservarlas para el turismo y se instalaron vallas para preservar la zona, pero actualmente es un área abierta y visitable sin acondicionar.
Antes de la guerra civil española fue una villa de cierta importancia, con vistosos edificios civiles, varias iglesias y dos conventos. En los libros de historia se pueden encontrar todos los detalles y así poner nombre a los bandos responsables de la destrucción del viejo y de la costrucción del nuevo que, desde mi punto de vista y sin querer entrar en otras consideraciones, mostraron ambos un pésimo gusto estético.



