lunes, 25 de mayo de 2009

Como diría Zoroastro...


Zaratustra regresó a las montañas y a la soledad de su cueva, alejándose de los hombres y esperando como el sembrador que ha lanzado la simiente. No obstante, pronto se impacientó, deseando volver junto a aquellos a quienes amaba, pues aún tenía mucho que darles. Y es que, realmente, no hay nada más difícil que cerrar por amor la mano que antes estaba abierta (...).

Si alguien después de leer esto siente la necesidad de asesinar a seis millones de personas, tiene un serio problema. Y si otro alguien piensa que leyendo estas cosas uno se pueda trastornar hasta el punto de encontrar argumentos que le justifiquen para asesinar a seis millones de personas, tiene también un problema serio.

Yo, al leerlo esta tarde, me he acordado con mucho cariño de unos buenos amigos que llevan unos meses sufriendo entre cuevas y soledades.