jueves, 12 de agosto de 2010

Ternasco al horno


Estos días en la comarca del Matarraña suelo salir cada mañana con la bicicleta a perderme por los caminos, y si coincido con algún pastor de la zona me siento con él a charlar un rato a la sombra de una higuera o de una carrasca. Son todos grandísimos conversadores, de una sabiduría profundamente humana de la que ya va quedando muy poca. Hay uno en especial con el que he hecho muy buenas migas, un tipo apacible y campechano de más de setenta años que entiende mucho de todo menos de jubilaciones.

La última vez que lo vi acababa de parir una de las ovejas. El rebaño se movía pastando libremente por el campo pero la madre se mantenía separada de él, ajena a todo, sólo pendiente de su corderito recién nacido. Tenía apenas media hora de vida y ya se levantaba sobre sus cuatro patas buscando las ubres maternas. A ambos les colgaba aún el cordón que hasta hace tan sólo unos minutos los había mantenido unidos.

Se acercaba el momento de volver a la granja con el rebaño y me ofrecí a cargar el corderito al hombro dentro de un saco para aliviar en algo el trabajo de mi amigo. El animalito balaba dulcemente en mi espalda mientras la madre lo hacía más gravemente a cierta distancia. Pronto volvió a incorporarse al rebaño y sus balidos se confundieron con los del resto de animales.

Una vez en el corral, con todas las ovejas dentro, dejé suavemente el saco en el suelo y mi amigo cogió al animalito por el pescuezo muy certeramente. Con él en volandas se metió en medio de las ovejas que dejaron un espacio vacío a su alrededor. Dejó caer el corderito en el suelo con indiferencia y volvió hacia mí para continuar la charla mientras se dedicaba despreocupadamente al resto de tareas. Yo escuchaba sin perder de vista lo que sucedía con el corderito. Todas las ovejas seguían a lo suyo pero enseguida apareció la madre para invadir ese círculo vacío que las demás seguían respetando entorno a su hijito.

Cuando madre e hijo se han reencontrado, hay que tomar de nuevo al corderito y llevarlo hacia unos cubículos donde se separa del resto a los recién nacidos y sus madres. Me adelanté al pastor y yo mismo tomé al animalito en brazos sujetándolo como si fuera un bebé para que la madre nos siguiera. Mi amigo se rió al verme tratar al animal con tanta delicadeza, y me hizo saber que en mes y medio alguien, quizás yo mismo, se lo cruspiría sin miramientos en alguno de los restaurantes de la zona que lo preparan al horno tan sabrosamente.

Volví pedaleando a casa con la sensación de que los acontecimientos de la mañana habían causado impresiones muy diferentes en mi amigo pastor y en mí, y también, por qué no decirlo, con un cierto cargo de conciencia por ser un carnívoro voraz y gozoso.

10 comentarios:

Maia dijo...

auch...

Jose Lorente dijo...

Querida Maia:
¿No serás tú acaso una vegetariana comedida y recatada?

Maia dijo...

Querido Jose, no, no lo soy, pero me dio mucha pena. Es más, cuando prepares un asadito no me invites, porque te vas a quedar con hambre.

Eastriver dijo...

Que excelente relato. Pero deja que empiece por esa tierra de transicion que si no tengo mal entendido es el Matarraña. Sorprendente esta tierra arida y seca, vecina de donde yo naci, pero del lado catalan (que espantoso suena lo de lado catalan). Estaria bien que nos hablaras en una entrada de esta comarca rara, situada en ninguna parte... Por que eso es el Matarraña, no es cierto? (Perdona por los acentos, creo que dije que en el portatil no tengo)

Y el relato, excelente... Te veo a ti sin quitar ojo del corderito, llevandolo a cuestas como el buen pastor, tratandolo con esmero y respeto ante la sonrisa burlona del pastor, y pedaleando con esa extraña sensacion que consiste en mezclar la muerte en su crudeza con el agradable sabor del ternasco al horno, como si en realidad no fueran ambas la misma cosa... Te entiendo, te entiendo. Por un lado tu vision y la del pastor son ambas coherentes, dentro de vuestras diferencias. Y por el otro, la de veces que he maldecido que me guste tanto el ternasco porque seguramente lo ideal seria el respeto mas escrupuloso al resto de seres vivos. Pero bueno, somos imperfectos y el ternasco esta muy rico. En mi caso solamente me frena una cosa: comer animales mamiferos recien nacidos, tipo lechal y eso, o los chotitos de Granada, o el cerdo ese segoviano que sirven con la manzana en la boca. Se que es ilogico si quieres, o en todo caso no es demasiado coherente, pero mira, ya llega un punto en que piensas que la coherencia ciega tampoco existe. Lo unico que pienso que podemos exigir es que sean sacrificados sin saña y sin convertir su muerte en un show. Gran entrada, gran texto, muy bien escrito.

J.Lorente dijo...

Esto me recuerda a una escena de la Película "La Gran Familia" (Si no recuerdo mal)... Los niños, que han visto crecer y engordar al pavo Pablito, se echan a llorar cuando descubren que es el mismo que van a cenar en Nochebuena. La familia se contagia de la pena de los niños y el pavo se queda sin trinchar.

Supongo que las personas como tu amigo, el Pastor, en continuo contacto con la Naturaleza y con ciertas realidades que a veces se nos escapan, llegan a endurecerse en cierto modo... Enfocan su Vida y sus prejuicios de una forma más instintiva, directa y realista (¿Por qué no decirlo?), y menos sentimental que los que, generalmente, lo más cerca que han estado de un pollo ha sido en el McDonalds.

Me ha parecido un cambio de impresiones interesante.

Un Abrazo, Tocayo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Querido Jose, he disfrutado de esta entrada como no puedes figurarte.
Me gusta lo que cuentas y cómo lo cuentas.

Disfruta de tu estancia en esa zona de Matarraña, que no conozco, pero que sé que a ti te llena de paz.

Ah, y yo no cogería muchos escrúpulos. No soy carnívora, pero entiendo a los carnívoros. El hombre come cualquier cosa, es omnívoro. La naturaleza funciona así y sólo nuestra especie se para a veces y piensa en lo que come.

Un abrazo enorme.

BLANCO dijo...

Hay que hacer como con las personas: Ignorar su pasado para que no nos decepcionen, y/o condicionen. Si lo hubiera hecho, no tendría tantas ex. Y comería aún menos pescado del que como.
Un abrazo, Jose.

Jesús Cánovas dijo...

José, tranquilo, "El hombre es la medida de todas las cosas".
Un abrazo

Thornton dijo...

Me gusta, y no me refiero al ternasco, que también.

Un abrazo.

P.D. Recuerdos a Paloma. El otro día fue su santo y brindé por vosotros dos.

Jose Lorente dijo...

Mis primeros recuerdos son posteriores a haber cumplido los tres años. Así, si me hubieran metido en un horno antes de esa edad con una manzana en la boca (o incluso con un limón en alguna otra parte) no creo que yo hubiera sufrido nada en absoluto. Otra cosa es el dolor que mi muerte prematura hubiera podido causar en mis familiares, pero esa ya sería demasiada consideración para con los corederos y sus progenitores.

El Matarraña es una comarca de Teruel que os recomiendo encarecidamente. Para los catalanes es "la franja de ponent", y supongo que para los aragoneses será, en consecuencia, "la tierra de levante". A ellos nadie les ha preguntado cómo les gustaría llamarse, pero está claro que en ambos casos el punto de vista del que nombra es externo a los interesados. Recojo la sugerencia de Ramon y trataré de explicar en una entrada las peculiaridades de esta tierra tan hermosa y singular.

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios.

Maia, queda pendiente ese asadito.

Ramon, lo dicho, te debo una entrada. Por tus últimas entradas te hacía más del norte.

Tocayo, me suena esa escena que dices, pero en la película que yo recuerdo, lamentablemente para el pavo, la pena les entra una vez el animal ya está asado y servido en una bandeja encima de la mesa.

Isabel, no tardes en venir a conocer esta tierra que os encantará. Ha sido un placer volver a leer un comentario tuyo en mi blog.

Blanco, hay gente que se empeña en expicarte su pasado por más que tú te empeñes en ignorarlo, aunque lo verdaderamente peligroso es cuando te empiezan a contar su futuro y tú formas parte de él. Si en ese momento no las conviertes en ex, estás irremediablemente perdido.

Jesús, no he escuchado nunca esa frase en boca de alguien que no fuera hombre, pero sospecho que dicha por un cordero sería algo así como: "el cordero es la medida de todas las cosas, especialmente de los hornos mientras existan hombres".

Thornton, muchas gracias por ese brindis que ahora mismo hago llegar a Paloma. Qué bueno verte por aquí de nuevo.

Un abrazo fuerte.