jueves, 13 de enero de 2011

El envoltorio de lo conocido


El ser humano acostumbra a sentirse cómodo transitando dentro del ámbito de lo que conoce, alrededor del cual ha ido formando una coraza, ubicada justamente sobre el lindero que lo separa de aquello con lo que no está familiarizado. Normalmente nos cuesta perforar ese envoltorio, si es que alguna vez llegamos a hacerlo.

Y no me refiero tanto a la separación entre lo verdadero y lo falso, o entre lo sabido y lo ignoto, pues a estas alturas ya deberíamos tener muy asumido que hay mentiras conocidas y que convivimos en concupiscencia con la ignorancia. Estoy tratando de señalar la cierta existencia de diferentes mundos posibles y nuestra manifiesta dificultad para racionalizar algunos de ellos, normalmente los que no son el nuestro. (En esta ocasión hubiera preferido no hacer referencia a conceptos racionales, pero no me ha quedado más remedio que usar este verbo al no encontrar un sinónimo adecuado.)

Me encanta esta escena en la que el velero de Truman, navegando plácidamente después de la tormenta, perfora con la punta del palo de proa ese cielo idealmente azul pintado sobre un casquete semiesférico de cartón piedra. Vertiginosa metáfora sobre aquel límite alcanzado gracias al empeño en un viaje que acometimos sin saber a dónde llegaríamos, pero sí de qué nos queríamos alejar.

Y llegados a ese punto, ser capaces de posar la mano sobre el lienzo extraño y anhelado que ahora se hace tangible; saltar de la embarcación para comprobar que el agua no sólo no nos cubre, si no que ni siquiera nos moja; recorrer el perímetro de esa intersección artificial, a modo de horizonte postizo, sabedores ya de que allí hemos de hallar alguna respuesta al engaño; ascender por esa escalera por fin encontrada que nos conducirá a una puerta que una vez más, no sabremos a dónde da, pero sí de lo que nos separa, y que dejaremos atrás con una reverencia cortés, en forma de simpática y burlona despedida.

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Fragmento comprendido entre 85'20" y 88'05" de la película de Peter Weir sobre el guión de Andrew Niccol "El show de Truman" (1998). Recomendable ahorrarse la parrafada de Ed Harris en el papel de El creador.

13 comentarios:

BLANCO dijo...

Gran entrada ante la que, ahora mismo, sólo se me ocurren chorradas del tipo La verdad está ahí fuera y aquí dentro.

No te mereces este comentario. Me encantó.

Abrazo.

Eastriver dijo...

Excelente. Supongo que si alguien volviera de la muerte, y suponiendo que hubiera algo ahí detrás, realizaría una metáfora parecida. ¿Sigues aquí Jose? Eso espero.

Carlos Fernandez dijo...

Genial una vez mas. Todavía no me explico como puedo estar tan de acuerdo con lo que dices sin tener la mas absoluta idea de por qué lo dices. Sin ánimo de ser recursivo, supongo que esta entrada tendrá muchas aplicaciones diferentes y que cada uno le encontrará su propio sentido dentro del ámbito de lo que conoce, alrededor del cual ha ido formando una coraza, ubicada justamente....

almalaire dijo...

A mi me gustó Ed Harris :-) Me gustó toda la pelicula a pesar de Jim Carrey al que no detesto como a Michael Douglas pero casi...

Un beso, Jose. Me encantó el texto "comprobar que el agua no sólo no nos cubre, sino que ni siquiera nos moja". Otro beso.

Alba 3,1416 dijo...

Magnífica imagen gráfica.
El espacio real y el espacio irreal.
Benditos los que viven entre dos mundos.
Ahí quisiera estar yo.
Un abrazo

Isabel Martínez Barquero dijo...

El ser humano es animal de costumbres, pero muchos seres humanos necesitan traspasar esa tonta coordenada y zambullirse en aguas desconocidas, entrar en ámbitos ignotos, tantear perfiles ignorados... Se atreven los sabios, los científicos, los artistas, los literatos, los niños..., los sin miedo en suma. Porque no hay que olvidar que el que se aparta del camino señalizado, va más lejos, incluso en la extrañeza, y nadie descarta que el hallazgo no haga sufrir en ocasiones. Pero siempre es loable llegar más allá, atreverse, ser valiente.

Me encantó la entrada, sus múltiples lecturas y las variadas reflexiones que puede generar.
Eres un filósofo, querido Jose.
Un gran abrazo.

Jesús Cánovas dijo...

Como dice Alma, me gusto la película a pesar de Jim Carrey y ese momento que tu detallas me produjo un escalofrió, me toco la medula. Si pudiéramos hacer nosotros lo mismo…

Jose, muchas gracias y un abrazo

Estrella dijo...

Inquietante y sublime!

Saludos.

Carlos dijo...

Para llegar a ese extraño mundo que nos es ajeno en un principio es necesaria la aventura. Embarcarse y desprenderse de todo lo que te ata y te hace sentir seguro. Así se recoge maravillosamente en la película y tu lo has sabido captar con tu genio. Estoy leyendo un libro sobre muchos de esos que se atrevieron a buscar más allá y pronto os lo traeré.
Es un placer compartir y reflexionar a tu lado. Un abrazo.

Jose Lorente dijo...

Blanco, gracias siempre.

Eastriver, últimamente un poco más allá que acá.

Carlos Fernández, cuando veo que comentas enseguida tengo la sensación de haber dicho algo interesante. Quizás nuestras corazas sean permeables en áreas equivalentes.

Alma, si la película aguanta desde luego no es gracias al reparto. Hay guiones que pueden con todo.

Alba, esa imagen tiene un enorme poder simbólico, pero a mí me sugiere que lo que queda al otro lado también es real, aunque desconocido. Transitar con un pie en ese límite, y el otro un paso aquí y otro allá, parece a priori una opción interesante.

Isabel, otra vez das con tu comentario en el clavo de lo que pretendía expresar con mi entrada, y lo haces con tal precisión y acierto que me atrevería a pensar, seguro de no equivocarme, que estas ideas ya eran tuyas antes que mías.

Jesús, hacer algo como lo que refleja esta escena es el sueño del ser humano desde los albores del pensamiento. Me gustaría creer que el fin último de esto que llamamos civilización es que alguna vez alguien se encuentre en disposición de hacerlo.

Estrella, así mismo, como dices, me lo pareció a mí.

Carlos, sé que te fascinan este tipo de aventuras y embarcarte en ellas con todas sus consecuencias, al menos literariamente. Estuve a punto de usar el término "bauprés" en lugar de "palo de proa" seducido por el encanto de la edición de Valdemar de "Los mares grises sueñan con mi muerte" de W.H. Hodgson y su Glosario de términos náuticos, incluidos los preciosos esquemas gráficos anexos. Ya ves que el placer es mútuo, como siempre te digo, y que lo que nos traes deja huella.

Muchísimas gracias a todos por pasar por aquí y comentar.
Un abrazo.

Carlos dijo...

Jose ya te he cazado con la editorial del buen gusto fantástico y aventurero. Como te dejes llevar puedes perderte, pero hay tanto mundo desconocido por ahí que sólo es una más de las posibles aventuras.
Un abrazo.
P.D. La biblioteca y discoteca del maestro-presi está a la altura de su genio. Sólo me faltabas tu en aquel pequeño paraíso.

Rafael dijo...

José Lorente! Acojonante entrada, preciosa. Cómo dice Estrella, inquietante...
Me encanta cómo se resume en esa foto toda la película.

Pero me pregunto, os pregunto... queremos saber que el mar está pintado?? queremos la pastilla roja de la realidad o la azul de la comodidad??
Somos valientes y diremos: QUEREMOS LA VERDAD!

Pero ahora pensad en vuestros seres queridos. Qué queréis para ellos: la dura verdad, o el feliz desconocimiento???

José Lorente. Gracias por escribir.

Jose Lorente dijo...

Rafael, supongo que lo de menos es que haya un decorado después de todo. Lo importante es que no nos falte nunca la inquietud para averiguarlo.
Así, poca diferencia habrá para nosotros entre que se trate de verdades o de mentiras si no nos importa vivir engañados a cambio de esa supuesta comodidad de la feliz ignorancia.
La verdad no tiene por qué ser necesariamente dura, igual que el desconocimiento no conduce siempre a la felicidad. Para mis seres queridos querría (y estoy seguro de que es lo mismo que quieres tú, pues los compartimos) que no se dejen vencer por el conformismo, y que quepa todo dentro del envoltorio de lo que aspiren a conocer.

Un abrazo fuerte y muchas gracias por leer, y escribir tus comentarios.