martes, 10 de mayo de 2011

Johann Sebastian Bach, en serio


He pensado que Johann Sebastian Bach merecía una entrada más seria que la anterior. Sé que muchos de vosotros venís aquí animados por el rigor con el que suelo tratar los temas relacionados con la música y sus creadores, por lo que he tratado de rectificar de inmediato el agravio causado al maestro de maestros.

Porque si hay alguien en la historia de la música que haya sido unánimemente así considerado, este no es otro que Johann Sebastian Bach. Su caso es el de aquellos compositores a partir de los cuales deja de tener sentido seguir haciendo música de la misma manera. Lo que venga después tendrá que ser otra cosa, abrir un nuevo camino. Sospecho que aún hoy se está explorando hacia dónde, aunque la imagen que se tiene de los compositores actuales sea más bien la de aquellos a partir de los cuales deja de tener sentido seguir haciendo música, de cualquier tipo.

Nació en Eisenach (Turingia) en 1685, octavo y último hijo del músico municipal Johann Ambrosius Bach, miembro de una saga de músicos que se remontaba hasta el siglo XVI, pero para ahondar en los detalles de su biografía os recomiendo cualquiera de los manuales que pueblan copiosamente las estanterías de librerías especializadas. Señalar simplemente que ese mismo año nacen también Scarlati (Domenico, no confundir con Alessandro) y Haendel, que pronto mostrarán ambiciones de estrellato; todo lo contrario que Johann Sebastian, infatigable artesano entregado devotamente a su oficio sin más aspiración que la de hacerlo lo mejor posible. Era la época de las óperas cortesanas y de los castratti, pero a Bach le tocó lidiar con músicos modestamente asalariados y coros infantiles parroquiales, todo dentro de la austeridad luterana. Nunca compuso una ópera ni nada que se le pareciera, por lo que no fue rival de los grandes divos de su época que viajaban por Europa en honor de multitudes presentando sus creaciones de volátiles florituras e insustancial ingravidez.

Resulta muy significativo el tratamiento que da Bach precisamente a la voz en la mayoría de sus obras, especialmente en las cantatas y pasiones, en contraposición a ese lucimiento efímero que se brindaba a los cantantes de moda. Sirva como ejemplo cualquiera de sus cantatas religiosas más conocidas (Jesus bleibet meine Freude de la BWV 147, o Wachet auf de la BWV 140, o Wie zittern und wanken Der Sünder Gedanken de la BWV 105, o las arias de la BWV 21, 30, 61, 127, 149, 199, ...), en las que la línea melódica de la voz es notablemente más pobre que la del acompañamiento instrumental. La voz es la herramienta transmisora del texto (normalmente un coral luterano en estas cantatas) y ha de ser lo más inteligible posible. Las hermosas melodías que nos quedamos tarareando después de escuchar estas piezas corresponden habitualmente al oboe, o a la flauta, en ocasiones al violín, pero nunca a la voz. Y sin embargo sentimos cómo la voz se eleva gracias a esa sublime vestimenta instrumental. Cuando hoy veo los lanzamientos discográficos de compilaciones de estas obras ensalzando exageradamente las interpretaciones de las sopranos de turno, divinizadas por el mercado editorial, no me cabe ninguna duda de que no era eso lo que Bach pretendía. Por no hablar de las propuestas del tipo contra-tenor mega estrella como Philippe Jaroussky, que no es un castrati ¡pero merecería serlo! (en mi opinión, siempre rigurosa y fundamentada, como ya sabéis). Con Bach padre no se ha atrevido más allá, que yo conozca, del Duo Et Misericordia del Magnificat, pero del menor de sus hijos, Johann Christian, sí lo hizo en 2009 con "La Dolce Fiamma", una recopilación de arias para castrato, tan impecable como repelente, tan agradable a nuestros oídos como rentable para su bolsillo. Una voz celestialmente deliciosa que detesto profundamente por pura manía (rigurosa y fundamentada, por supuesto, ya sabéis). Mucha pose y pocos huevos (disculpadme pero no he podido resistir la tentación de utilizar esta expresión tan vulgar al hilo de estas reflexiones). Recupero aquí una frase del "Viejo peluca" refiriéndose al más joven de su numerosa prole: "Mi Christian es tonto, por eso algún día tendrá fortuna en el mundo". Y la fortuna de ese tonto será también la de otros tontos, añado yo.

El hijo superó enseguida la fama del padre (muy escasa todavía en su época) gracias a este tipo de obras, mientras el Cantor de Santo Tomás seguía peleándose con el contrapunto en cánones y fugas de enorme complejidad técnica y formal que su propio hijo era incapaz de comprender. Cuentan que en una celebración en que acompañó a su padre para pasarle las hojas de la partitura mientras este tocaba el órgano ante una congregación de fieles absolutamente extasiada, al salir del templo le preguntaron por los detalles de la última tocata imposible que había interpretado. Johann Christian no supo qué responder, por lo que el público se sintió extrañado de que no pudiera satisfacer su curiosidad tratándose de su hijo y alumno. "Sí señores, aunque no conozco los motivos que llevan a mi maestro a escribir estas piezas tan admirables, soy su alumno y su hijo. ¡El vigésimo!" La multitud estalló en una exclamación al unísono "¡Veinte hijos! ¿Y todos con la misma?" A lo que Johann Christian respondió: "Sí, con la misma, pero con distintas mujeres."

Resulta curioso que el mismo cirujano ambulante que le causó la muerte en 1750 tras una intervención quirúrgica fracasada en un ojo, también lo hiciera con Haendel en circunstancias semejantes nueve años después. Me escandaliza que nadie hable hoy de ese tal John Taylor, un auténtico Yoko Ono de la música barroca occidental.

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Recomiendo no tomar como ciertos (para tesis doctorales sobre Johan Sebastian Bach o similares) todos los datos vertidos en este ensayo (riguroso y fundamentado, por supuesto, pero también humorístico y tendencioso, como ya sabéis). Si lo hiciera de otro modo no aportaría nada que no pudierais encontrar en esos manuales a los que me refería al principio.

La música es lo mejor, pero parafraseando a Manuel de Falla, el que sólo sabe de música, no sabe ni de música.

10 comentarios:

Alma dijo...

Me parto :D

El "en serio" del título ya prometía pero ha sido todavía mucho mejor. Me voy mucho más contenta de lo que vine y muy agradecida, un beso, Jose, hazle llegar, por favor, mis respetos a Mr Laurent, que no andará muy lejos.

Un beso

Marcho al You tube a ver si tienen algo de el "candidati" a castratti...

Thornton dijo...

No dejemos las cosas serias en manos de los serios.
Ya la fotografía prometía y no nos has defraudado.

Quisiera añadir a tu brillante entrada sobre el señor Arroyo, el nombre de Félix Mendelssohn y el de la ciudad de Londres. Que el lector haga sus averiguaciones.

Resaltar alguna obra de Bach es como decir qué libro te llevarías a una isla. Misión imposible. Pero un pedantorro como yo no puede dejar pasar la ocasión sin hacer alguna recomendación. Seré breve, solo haré dos.

"Variaciones Goldberg" (Glenn Gould)

"Concierto para dos violines" (Raymond Leppard). Hace años, en Londres, en una encuesta para elegir la melodía más bella de la historia de la música, tuvieron el buen gusto de elegir el segundo movimiento de este concierto.

Un abrazo y no nos ahorres tu humor, ya sabes, ahorrando...

Alba 3,1416 dijo...

La fotografia, el texto, ... tu humos, nuestro humor, que por muchos años nos encontremos aquí.
Besos

Carlos dijo...

Has desmelenado al señor Bach con mucha gracia y por eso ahora me apetece todavía más. De tanta prole, alguno le debía salir tan tonto como para pensar que el talento se hereda.
El misterio de sus obras ¿estará en la sencillez de su ordinaria vida? ¿Dedicarse a lo que mejor sabía hacer sin pretender pasar a la posteridad? No lo sé pero, como bien dices,sus obras permanecen insuperables.
Yo, por aportar alguna obra más que me llegue en profundidad, destacaría sus "Sonatas y Partitas para Violonchelo".
Un abrazo que va más allá de lo virtual a la espera de tus relatos.

Jose Lorente dijo...

Alma, me alegro mucho de no haber defraudado las expectativas que el título te había creado. La sombra de Monsieur Laurent planea sobre esta entrada. Le hago llegar tu saludo que él te devuelve afectuosamente. Apuesto a que después de esa visita a Youtube pasas por alguna página de compra de tijeras, cuchillos o bisturíes.

Thornton, te gusta Bach, así que estás en plena forma. El tema es demasiado serio como para no tomárselo a broma. Me alegro igualmente de no haberte defraudado a ti. Espero no hacerlo tampoco ahora tratando de resolver tu enigma. Ya sabes que me motivan especialmente estos retos, sobre todo viniendo de ti (los envidiosos llaman pedantes a los eruditos): "Arroyo" debe de ser la traducción castellana del sustantivo alemán "Bach". Mendelssohn fue el que rescató a Bach del olvido en el que estaba durante la primera etapa del romanticismo, re-estrenando en 1829 (¿en Londres?) la Pasión según San Mateo. Resulta casi irritante que lo hiciera a la edad de veinte años. (Y yo con cuarenta sin saber con qué mano..., mejor no insistir sobre esta tema.)
Pere Portabella en "El silencio antes de Bach" narra este episodio trascendental confiriéndole un origen fortuito, si bien cargado de leyenda, es cierto que muy hermosamente narradao: el sirvente de Mendelssohn va a comprar carne al mercado. El tendero envuelve la carne con unos papeles encontrados aparentemente sin valor que resultan ser uno de los manuscritos de La Pasión según San Mateo. Cuando Mendelssohn los ve, comienza a leerlos y enseguida se da cuenta del tesoro que ha caído en sus manos y de lo injusto que es para una obra así pasar desapercibida.
Si no recuerdo mal, es la segunda vez que hablas aquí de ese concierto para dos violines. Es siempre un placer escuchar esa maravilla. Respecto a las Variaciones Goldberg interpretadas por Gould, convendría aclarar cuál de las dos versiones de referencia propones: ¿la de 1955 o la de 1981? No tienen nada que ver una y otra, explosiva y descarada la primera en la que cada variación es una entidad independiente que se dispara de forma irreverente; honda y reflexiva la última que se entiende como un todo desde la madurez. Ejemplo paradigmático de dos formas distintas de acercarse a una misma obra, incluso tratándose de un mismo intérprete.

Alba, así sea, por muchos años.

Carlos, a ti también te pido que precises la recomendación, ya que existe el conjunto de las seis suites para cello solo y el conjunto de las seis sonatas y partitas para violín solo. Hay algunas sonatas para viola da gamba y para violín con acompañamiento de clave, pero no creo que te estés refiriendo a ninguna de ellas. Fue un placer para mí que los abrazos fueran más allá de lo virtual. Espero que tengamos más ocasiones de repetirlos, y a ver si para entonces ya hay algún relato que se pueda enseñar.

Muchísimas gracias a todos por pasar por aquí y comentar.
Un abrazo fuerte y hasta pronto.

Carlos dijo...

No se te escapa ni una Jose. Lo siento, pero como lo decía de memoria no precisé bien. Me refería a las "Suites para violonchelo solo" (mi edición es de Pierre Fournier al chelo). Aunque también tengo las "Sonatas y Partitas" mi predilección se decanta por las primeras. Saludos.

Thornton dijo...

Me dirigía al lector que no haya descubierto aún al genio del barroco ni al descarado pianista, y para éste cualquiera de las dos versiones le vale, son magníficas.

Hay editado un triple de Sony donde están las dos versiones. Pero éste ya sería otro comentario para otro tipo de lector.

Yo me quedo con la primera versión, aunque solo sea por el "efecto Mendelssohn" que consiguió y por las veces que me hizo buscar a mi alrededor quién canturreaba, y no es broma.

El 1043 lo recomiendo, qué duda cabe, a los no iniciados. Aquella vez lo hice recordando la película "Hijos de un Dios menor", donde suena ese segundo movimiento con el que el profesor de sordomudos le quiere explicar a una alumna qué se siente al oír la música.

Los bacherianos, ya saben, de Bach...¡TODO!



Un abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Hoy me quito el sombrero ante tu entrada, Jose.
Con Bach, el Bach por antonomasia: Johann Sebastian, me has rendido. Excepto su música para órgano, que no me llega mucho, no tiene desperdicio. Citas la cantata BMW 147 (me encanta), también la dedicada a Ana Magdalena Bach (su joven esposa). También la Pasión según San Mateo y, ¡cómo no!, las Variaciones Goldberg que cita el Presi.
¡Que suene Bach, el que fue humilde maestro de capilla, el mejor músico de todos los tiempos
Por cierto, engendraba hijos con la misma fertilidad que componía. Estos genios...

Jose Lorente dijo...

Con comentaristas así, da gusto.

Carlos, la versión de Fournier es una auténtica referencia. Muy en la línea de la aproximación al idioma barroco iniciada por Pau Casals, nos ofrece una interpretación noble y lírica, aunque algunos la tildan de chata y de anclada en la vieja escuela. No creo que esté mal tocar a Bach de ese modo, a la antigua, digamos que ¿tal como se hacía en 1720? Como curiosidad, decir que la grabación de Fournier de 1961 fue la primera en estéreo. A parte de la de Casals de 1936 ya citada, a mí me encanta la de Rostropovich de 1991, con cello moderno, en la que se recoge lo aprendido durante toda una vida consagrada a ese instrumento. Una auténtica delicia.

Thornton, ¿qué tipo de lector piensas que pulula por aquí? ¡Cuéntanoslo todo de esa edición de Sony! ...y luego comentamos lo del recital en Salzburgo de 1959, lo de la silla destartalada de su padre, lo del piano trucado Steinway and Sons CD318, lo del vídeo de las variaciones de 1982...
¡Y sus canturreos! A los genios se les permiten estas cosas.

Isabel, sé que adoras a Bach, así que métele caña tú también al presi y que no nos racanee todas esas cosas que se guarda con artes de buen ahorrador y de mejor palomero.
Para vencer esa distancia con la música para órgano te recomiendo las Sonatas en trío y los Corales, que en muchos casos fueron embrión de las melodías utilizadas después en las arias y coros de las cantatas.

Un abrazo fuerte para todos y muchas gracias por darme cancha en estos temas que me apasionan.

NI la breve dijo...

Yo creo que después de Bach no hay nada mejor, y antes tampoco. El maestro por excelencia. A mí, su música parea órgano me fascina. Es magnífico.