jueves, 11 de diciembre de 2014

Experto músical


Es fácil encontrar en la red advenedizos disertando sobre cualquier materia sin que podamos saber si están cualificados para ello. Por eso hay que ir con pies de plomo antes de dar por válidos algunos artículos, verificando pormenorizadamente sus contenidos y, en la medida de lo posible, recurrir a fuentes originales o de solvencia contrastada.

Aquí os dejo el título que me legitima a explayarme sobre música. Es posible que haya otros de mayor prestigio, obtenidos tras cursar estudios superiores, o condecoraciones provenientes de los altos estamentos como el Premio Nacional de Música o reconocimientos semejantes pero, para mí, este Diploma honorífico que en día 1 de julio de 1995 expidió con registro nº 61 el Boletín Informativo Discoplay (BID), es tan digno como el que más.

Atended a que se me concede por la calidad y buen criterio musical demostrado a través de los títulos adquiridos. Todavía estoy esperando que Amazon o Fnac me distingan del mismo modo. Sigo comprando discos tan compulsivamente como entonces. Quizás en esa época Emilio Cañil, presidente de la compañía de venta por correo que él mismo fundó a principio de los ochenta, había notado un descenso en la cantidad de pedidos, y consideró que esta sería una buena estrategia comercial para estimular a sus clientes, pero lo cierto es que yo adquirí títulos imprescindibles gracias a ellos. Sería imposible recordarlos todos, pero por citar algunos pocos diré que iban desde las grabaciones que hizo Harnoncourt de Bach para Teldec reeditadas en CD a principios de los noventa en la colección Das Alte Werk, al Weld de Neil Young en el 91, pasando por el Scapegoats de Green On Red de ese mismo año en versión cassette o los Lieder ohne Worte de Mendelssohn interpretados por Annie D'Arco para Erato. Y tantos otros, ...el EP That is Yo La Tengo, previo al May I Sing With Me del 92, auténtica pieza de coleccionismo muy cotizada hoy en día (Fans de Yo La Tengo, sabed que yo lo tengo).

Buenos títulos todos ellos, sin duda, seleccionados con buen criterio, por supuesto. Nunca compré en Discoplay nada que no fuera música: esas camisetas horribles o el merchandising tan casposo que aparecía en las últimas páginas del Boletín. Tampoco esos lotes a ciegas que ofrecían de 10 ó 20 ó 50 discos a precios de risa pero que no podías saber lo que contenían hasta que abrías la caja. Eso hubiera sido adquirir sin criterio, justo lo contrario de lo que yo hacía (dicho por ellos mismos, que conste). Pero el buen empresario ha de saber llegar a todos los segmentos del mercado. Quizás hoy en día se distinga (con menos honores probablemente) a otro tipo de compradores. Lo desconozco, pero el caso es que Discoplay cerró en 2007.

En 1995 ya no vivía en Alella. Allí el boletín me resultaba muy útil porque en un pueblo (aunque cercano a Barcelona como es este) no tienes tan a mano tiendas especializadas. Recibir el BID y hojearlo enseguida era como pasear por delante de mostradores repletos de discos. Creías estar oliendo las portadas que podías acariciar en las reproducciones impresas en miniatura. ¿Quién de los que lo recibieran no se ha forrado una carpeta con sus favoritas? La condición para seguir suscrito era comprar con cierta regularidad. En los mejores momentos llegaron a hacer tiradas de más de un millón de ejemplares. Aquí los tenéis todos digitalizados. Algunos originales se subastan hoy en internet a parir de cinco euros la unidad. Y aquí un interesante artículo del periodista musical Diego Manrique sobre Emilio Cañil después de su fallecimiento en 2010. Vale la pena leerlo, también para comprender mejor esta entrada.

Yo estuve algún tiempo sin hacer ningún pedido y después me enviaron el Diploma, seguramente también algunos boletines más, pero en la Barcelona de entonces tenía las tiendas a mano, y luego las grandes superficies y ahora el comercio electrónico, por lo que es comprensible que no lo echara a faltar. Hoy ha aparecido este documento honorífico en una vieja carpeta en la que guardo algunos recuerdos y me he acordado con nostalgia de aquella época. Sigo comprando discos. Sigo comprando entradas para conciertos. Sigo comprando libros. Sigo comprando películas. Sigo sacando entradas para el cine. No descarto que en ocasiones haya en ello un rastro de consumismo, pero he intentado hacerlo con el mejor de los criterios, aunque también, es natural, haya patinado muchas veces. Aun así, entiendo que, de un modo u otro, el balance ha sido siempre enriquecedor. Pero más allá de ese beneficio propio, espero que también haya servido para que tipos como Emilio Cañil creyeran que valía la pena divulgar la cultura y me alegro de que, en su intento, tuvieran el atrevimiento de distinguir a alguien como yo que, homenajes a parte, la consume y la disfruta.

1 comentario:

Paloma Bergós dijo...

Estoy de acuerdo con Emilio Cañil, eres un Experto Musical.

Tengo también grandes recuerdos de Discoplay, vivía en un pueblo.
A mí no me enviaron el Diploma, parece que no compraba tanto y sí que compré merchandising casposo (incluso una muñequera de AC/DC que me gustó por los colores, aunque en esa época de EGB no sabía ni quienes eran; hasta que uno de mis hermanos pequeños creció y se forró la habitación de posters heavys).
En mi pueblo casi no había tiendas de nada y todo lo de Discoplay llamaba la atención.
Y también forraba las carpetas, grandes obras de arte se hicieron en esa época. Recuerdo que en esto seguía los pasos de mi hermana mayor, ella tenía preferencia a la hora de recortar portadas.

Voy a comprar unas entradas, sigamos disfrutando.