viernes, 10 de abril de 2015

Venidme con vuestros cuentos


Casi todo lo que sé (o creo saber) me lo han contado o lo he leído o le he visto indirectamente ya sea en televisión, fotografías u otros medios.

Así, en lo que a certidumbres se refiere, para mí es tan verdadero Macondo como Yakarta, Alonso Quijano como Recaredo I, Ulises o Gulliver como Colón o Marco Polo, y el viaje al centro de la tierra como el hombre en la luna.

Es cierto que con el tiempo uno se va armando (o cree armarse) de algo de criterio y aprende más o menos a discernir entre la realidad y algunas ficciones o, si se prefiere, entre la ficción y algunas realidades, pero si se es escéptico, aunque sea sólo moderadamente (y hoy en día no queda más remedio que serlo en algún grado), a lo máximo que se podrá aspirar  es a separar lo verosímil de lo absolutamente increíble, ya que a estas alturas dudo mucho que seamos capaces de diferenciar entre lo verdadero y lo falso, a no ser que podamos conocerlo por nosotros mismos, y es muy probable que en ocasiones ni aun así.

En cualquier caso, no pierdo las ganas de escuchar.

lunes, 9 de marzo de 2015

Las cosas pueden salir bien


Que no cunda la euforia; se trata simplemente de una posibilidad basada en la tesis de la doble negación de la lógica proposicional, atendiendo a nuestro sistema normativo y a los servidores públicos que velan por su cumplimiento. Se entenderá mejor analizando la casuística.

Si las reglas fueran justas y los burócratas diligentes nuestras opciones de éxito serían aún mayores, pero convendréis conmigo en que ese no es, ni remotamente, el caso.

Leyes provechosas en manos de incompetentes conducen inequívocamente al desastre, pero que alguien me diga dónde pueden leerse esas nobles disposiciones.

Titulares íntegros aplicando normas injustas tampoco llegarán nunca a nada bueno, pero que alguien me presente a alguno de esos rectos trabajadores.

Ahora sí: códigos absurdos interpretados por funcionarios ineptos pueden hacernos albergar algún tipo de esperanza, y diría que eso es precisamente lo que tenemos: preceptos alejados de cualquier sensatez ejecutados por numerarios en permanente exhibición de su planicie intelectual y sensible.

Lo dicho: las cosas pueden salir bien alguna vez, pero no nos dejemos llevar por el optimismo, son sólo conjeturas y, además, también existen los supervisores.

martes, 13 de enero de 2015

Teorema de Bolzano


El de Bolzano es uno de los teoremas más hermosos de las matemáticas. Nos dice que para toda función continua, si los extremos en un intervalo cerrado tienen distinto signo, se anula en algún punto intermedio. Pero es que Bernard Bolzano (Praga 1781-1848) no era un simple matemático, era también (y sobre todo) filósofo, y sólo desde la filosofía puede comprenderse el alcance inmenso de esta proposición.

Lo que nos viene a decir es que si estuvimos en valores negativos y ahora estamos en positivo o viceversa, siempre que no se haya producido una fractura intermedia, en algún momento hemos estado a cero.

Se trata de una verdad demostrable que sirve para positivo y negativo, pero también para arriba y abajo, sea lo que sea estar ni arriba ni abajo, o para dentro y fuera, sea lo que sea estar ni dentro ni fuera, o para bien y mal, sea lo que sea estar ni bien ni mal, Fijaos que el propio lenguaje nos protege de estos lugares indeterminados, porque cuando nos referimos a ellos decimos que "no estamos ni arriba ni abajo", o que "no estamos ni dentro ni fuera", o que "no estamos ni bien ni mal". Pero sí que estamos, estamos constantemente, no se puede no estar en algún sitio, aunque entiendo que son lugares incómodos, seguramente difíciles de definir, como sucede siempre que nos acercamos a las fronteras, a los contornos o a los límites.

No me interesan los ejemplos triviales del teorema, saber que en algún momento tendré que cruzar el río si quiero pasar de un lado a otro, sino los escenarios que propone, muchos de ellos ignorados, si no desconocidos o incluso nuevos: las periferias, los lodazales, las brumas; lo confuso, lo borroso, lo desdibujado...

Llevo tanto tiempo habitando en ellos que para mí han dejado de ser lugares de paso. Es posible que hasta esté empezando a sentirme cómodo, o al menos he dejado de esperar que suene el chasquido de la fractura (discontinuidad para Bolzano) dentro de mi cabeza.

martes, 23 de diciembre de 2014

Gastando zapatillas


Mis mejores deseos para todos en estas fiestas y en el año que está a punto de comenzar. Que sigamos venciendo las dificultades y sacando partido de los buenos momentos como hasta ahora, con la ilusión del que se coloca por primera vez en la línea de salida, pero también con la prudencia de quien ya conoce cuál es el ritmo adecuado para disfrutar de cada una de las zancadas que han de llevarle hasta la meta o que le permitan, simplemente, seguir avanzando, aunque no siempre se sepa con exactitud hacia donde.

En cualquier caso, que sigamos gastando zapatillas.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Experto músical


Es fácil encontrar en la red advenedizos disertando sobre cualquier materia sin que podamos saber si están cualificados para ello. Por eso hay que ir con pies de plomo antes de dar por válidos algunos artículos, verificando pormenorizadamente sus contenidos y, en la medida de lo posible, recurrir a fuentes originales o de solvencia contrastada.

Aquí os dejo el título que me legitima a explayarme sobre música. Es posible que haya otros de mayor prestigio, obtenidos tras cursar estudios superiores, o condecoraciones provenientes de los altos estamentos como el Premio Nacional de Música o reconocimientos semejantes pero, para mí, este Diploma honorífico que en día 1 de julio de 1995 expidió con registro nº 61 el Boletín Informativo Discoplay (BID), es tan digno como el que más.

Atended a que se me concede por la calidad y buen criterio musical demostrado a través de los títulos adquiridos. Todavía estoy esperando que Amazon o Fnac me distingan del mismo modo. Sigo comprando discos tan compulsivamente como entonces. Quizás en esa época Emilio Cañil, presidente de la compañía de venta por correo que él mismo fundó a principio de los ochenta, había notado un descenso en la cantidad de pedidos, y consideró que esta sería una buena estrategia comercial para estimular a sus clientes, pero lo cierto es que yo adquirí títulos imprescindibles gracias a ellos. Sería imposible recordarlos todos, pero por citar algunos pocos diré que iban desde las grabaciones que hizo Harnoncourt de Bach para Teldec reeditadas en CD a principios de los noventa en la colección Das Alte Werk, al Weld de Neil Young en el 91, pasando por el Scapegoats de Green On Red de ese mismo año en versión cassette o los Lieder ohne Worte de Mendelssohn interpretados por Annie D'Arco para Erato. Y tantos otros, ...el EP That is Yo La Tengo, previo al May I Sing With Me del 92, auténtica pieza de coleccionismo muy cotizada hoy en día (Fans de Yo La Tengo, sabed que yo lo tengo).

Buenos títulos todos ellos, sin duda, seleccionados con buen criterio, por supuesto. Nunca compré en Discoplay nada que no fuera música: esas camisetas horribles o el merchandising tan casposo que aparecía en las últimas páginas del Boletín. Tampoco esos lotes a ciegas que ofrecían de 10 ó 20 ó 50 discos a precios de risa pero que no podías saber lo que contenían hasta que abrías la caja. Eso hubiera sido adquirir sin criterio, justo lo contrario de lo que yo hacía (dicho por ellos mismos, que conste). Pero el buen empresario ha de saber llegar a todos los segmentos del mercado. Quizás hoy en día se distinga (con menos honores probablemente) a otro tipo de compradores. Lo desconozco, pero el caso es que Discoplay cerró en 2007.

En 1995 ya no vivía en Alella. Allí el boletín me resultaba muy útil porque en un pueblo (aunque cercano a Barcelona como es este) no tienes tan a mano tiendas especializadas. Recibir el BID y hojearlo enseguida era como pasear por delante de mostradores repletos de discos. Creías estar oliendo las portadas que podías acariciar en las reproducciones impresas en miniatura. ¿Quién de los que lo recibieran no se ha forrado una carpeta con sus favoritas? La condición para seguir suscrito era comprar con cierta regularidad. En los mejores momentos llegaron a hacer tiradas de más de un millón de ejemplares. Aquí los tenéis todos digitalizados. Algunos originales se subastan hoy en internet a parir de cinco euros la unidad. Y aquí un interesante artículo del periodista musical Diego Manrique sobre Emilio Cañil después de su fallecimiento en 2010. Vale la pena leerlo, también para comprender mejor esta entrada.

Yo estuve algún tiempo sin hacer ningún pedido y después me enviaron el Diploma, seguramente también algunos boletines más, pero en la Barcelona de entonces tenía las tiendas a mano, y luego las grandes superficies y ahora el comercio electrónico, por lo que es comprensible que no lo echara a faltar. Hoy ha aparecido este documento honorífico en una vieja carpeta en la que guardo algunos recuerdos y me he acordado con nostalgia de aquella época. Sigo comprando discos. Sigo comprando entradas para conciertos. Sigo comprando libros. Sigo comprando películas. Sigo sacando entradas para el cine. No descarto que en ocasiones haya en ello un rastro de consumismo, pero he intentado hacerlo con el mejor de los criterios, aunque también, es natural, haya patinado muchas veces. Aun así, entiendo que, de un modo u otro, el balance ha sido siempre enriquecedor. Pero más allá de ese beneficio propio, espero que también haya servido para que tipos como Emilio Cañil creyeran que valía la pena divulgar la cultura y me alegro de que, en su intento, tuvieran el atrevimiento de distinguir a alguien como yo que, homenajes a parte, la consume y la disfruta.