miércoles, 20 de mayo de 2015

No sin música


Pedidme cualquier cosa menos un día sin música. Los responsables de que el IVA cultural que afecta a la música sea del 21% son los políticos, no los músicos ni los aficionados a la música. Castiguemos a esos políticos en las urnas, pero ¿qué culpa tiene la música o los aficionados a la música? El que sea capaz de prescindir durante un día entero de la música ni es músico ni aficionado a la música. Si queréis reivindicar un trato fiscal más justo para la música hacedlo con vuestro voto, pero que no pare de sonar la música.

Suena el segundo de los Tre Ricercare (1938) de Martinu, largo, flauta, cuerda pellizcada. acordes de piano... Estoy con los checos: Janacek, Suk, Novak, Smetana. En Chequia no hay IVA para la música, ni para nada, porque no hay Euro. No sé qué impuesto grava la cultura en la República Checa, seguramente excesivo también, pero la música suena en cada esquina y fluye incontenible como la corriente del Moldava.

martes, 12 de mayo de 2015

Non habemus Herr Direktor



Para algunos, el director de la Filarmónica de Berlín es un personaje tan relevante o más que el Papa de Roma. Se trata del hombre que está al frente de la orquesta más importante (no digo mejor, que conste, aunque podría decirlo) del mundo. Seguro que la comparación no agradará a muchos beatos, pero es significativo que el sistema para la designación de ambas figuras sea prácticamente el mismo. Para el pontífice son 183 los cardenales que se reúnen en cónclave vaticano; para la prestigiosa batuta se trata de los 124 músicos que integran la orquesta los que debaten, también a puerta cerrada y con igual secretismo, sobre quién los dirigirá desde la tarima.

Ayer se debería haber conocido quién sucederá a partir de 2018 a Simon Rattle como séptimo director de la Berliner Philharmoniker. Antes de él Claudio Abbado, Herbert von Karajan, Wilhelm Furtwängler, Arthur Nikisch y Hans von Bülow, sin contar el paréntesis de Leo Borchard y Sergiu Celibidache que también fueron titulares durante el proceso de desnacificación en el que se vio involucrado Furtwängler. Todos ellos nombres de mucho peso. Quizás sea Nikisch el que menos nos suene, pero apuntaré aquí que dirigió la orquesta durante 27 años - sólo Furtwängler (32) y Karajan (35) estuvieron más tiempo - y que a él debemos la primera grabación de una sinfonía completa, la quinta de Beethoven para el sello Deutsche Grammophon en 1913.

Así que el nombre del sucesor de Rattle se espera con mucha expectación entre los profesionales y aficionados a la música. Se barajaban algunos candidatos, pero sinceramente, y esta es una opinión personal, ninguno de ellos me parecía de suficiente entidad. Tampoco se consideraba a Simon Rattle cuando fue elegido en su día, allá por 2002, y sin embargo ha dado la talla con solvencia durante estos últimos años. El caso es que no veo al berlinés Christian Thielemann (dirige en Dresde y participa anualmente en Salzburgo y Bayreuth) ni al letón Andris Nelsons (actualmente en Boston) algo más innovador que el alemán pero de gustos semejantes, demasiada tradición germana para una orquesta que ya no se mira el ombligo; pero veo aún menos a  Gustavo Dudamel ocupando el lugar de Bülow con el chándal de Venezuela. Barenboim sería idóneo si no fuera porque en el momento de la sucesión tendrá más de setenta y cinco años. Mariss Jansons, otro de mis favoritos, está en la misma situación, inconveniente grave cuando la orquesta, con una media de edad de cuarenta años, busca un compañero de aventuras a largo plazo.

No se trata tanto de elegir a una estrella. La orquesta ya cuenta con 124 estrellas en sus filas. Todos sus músicos son primeras figuras, desde el último de los segundos violines hasta el primero de los flautines. Quien se ponga al frente alcanzará celebridad más allá de sus méritos anteriores. Aprenderá de esos intérpretes excepcionales embarcándose con ellos en un proyecto fascinante. Por  tanto, sea quien sea el elegido, la designación será más un premio que una propuesta de trabajo (aunque hoy en día cualquier oferta laboral ya lo parezca).

El caso es que ayer, después de posponer el anuncio en varias ocasiones, los miembros de la Orquesta Filarmónica de Berlín no fueron capaces de ponerse de acuerdo y finalmente se pospuso la elección hasta el año que viene. Seguirán pues las especulaciones al respecto. Pensemos en un director de orquesta actual que reúna las condiciones, que básicamente se reducen a no tener compromisos con otras orquestas de prestigio a partir de 2018 y a haber colaborado en más de una ocasión en el pasado y de forma siempre satisfactoria con la orquesta berlinesa.

Me encantaría apostar por Pablo González, que ha sido desde 2010 y hasta la presente temporada director de la OBC. Estará libre a partir de junio pero no me consta que haya dirigido a la Philharmoniker nunca. Ahora dispone de un año para hacer esos méritos, porque talento, al menos por lo demostrado en Barcelona, no le falta.

Esa-Pekka Salonen y Valeri Gérgiev. Dejo caer estos dos nombres y dentro de un año hablamos.

viernes, 10 de abril de 2015

Venidme con vuestros cuentos


Casi todo lo que sé (o creo saber) me lo han contado o lo he leído o le he visto indirectamente ya sea en televisión, fotografías u otros medios.

Así, en lo que a certidumbres se refiere, para mí es tan verdadero Macondo como Yakarta, Alonso Quijano como Recaredo I, Ulises o Gulliver como Colón o Marco Polo, y el viaje al centro de la tierra como el hombre en la luna.

Es cierto que con el tiempo uno se va armando (o cree armarse) de algo de criterio y aprende más o menos a discernir entre la realidad y algunas ficciones o, si se prefiere, entre la ficción y algunas realidades, pero si se es escéptico, aunque sea sólo moderadamente (y hoy en día no queda más remedio que serlo en algún grado), a lo máximo que se podrá aspirar  es a separar lo verosímil de lo absolutamente increíble, ya que a estas alturas dudo mucho que seamos capaces de diferenciar entre lo verdadero y lo falso, a no ser que podamos conocerlo por nosotros mismos, y es muy probable que en ocasiones ni aun así.

En cualquier caso, no pierdo las ganas de escuchar.

lunes, 9 de marzo de 2015

Las cosas pueden salir bien


Que no cunda la euforia; se trata simplemente de una posibilidad basada en la tesis de la doble negación de la lógica proposicional, atendiendo a nuestro sistema normativo y a los servidores públicos que velan por su cumplimiento. Se entenderá mejor analizando la casuística.

Si las reglas fueran justas y los burócratas diligentes nuestras opciones de éxito serían aún mayores, pero convendréis conmigo en que ese no es, ni remotamente, el caso.

Leyes provechosas en manos de incompetentes conducen inequívocamente al desastre, pero que alguien me diga dónde pueden leerse esas nobles disposiciones.

Titulares íntegros aplicando normas injustas tampoco llegarán nunca a nada bueno, pero que alguien me presente a alguno de esos rectos trabajadores.

Ahora sí: códigos absurdos interpretados por funcionarios ineptos pueden hacernos albergar algún tipo de esperanza, y diría que eso es precisamente lo que tenemos: preceptos alejados de cualquier sensatez ejecutados por numerarios en permanente exhibición de su planicie intelectual y sensible.

Lo dicho: las cosas pueden salir bien alguna vez, pero no nos dejemos llevar por el optimismo, son sólo conjeturas y, además, también existen los supervisores.

martes, 13 de enero de 2015

Teorema de Bolzano


El de Bolzano es uno de los teoremas más hermosos de las matemáticas. Nos dice que para toda función continua, si los extremos en un intervalo cerrado tienen distinto signo, se anula en algún punto intermedio. Pero es que Bernard Bolzano (Praga 1781-1848) no era un simple matemático, era también (y sobre todo) filósofo, y sólo desde la filosofía puede comprenderse el alcance inmenso de esta proposición.

Lo que nos viene a decir es que si estuvimos en valores negativos y ahora estamos en positivo o viceversa, siempre que no se haya producido una fractura intermedia, en algún momento hemos estado a cero.

Se trata de una verdad demostrable que sirve para positivo y negativo, pero también para arriba y abajo, sea lo que sea estar ni arriba ni abajo, o para dentro y fuera, sea lo que sea estar ni dentro ni fuera, o para bien y mal, sea lo que sea estar ni bien ni mal, Fijaos que el propio lenguaje nos protege de estos lugares indeterminados, porque cuando nos referimos a ellos decimos que "no estamos ni arriba ni abajo", o que "no estamos ni dentro ni fuera", o que "no estamos ni bien ni mal". Pero sí que estamos, estamos constantemente, no se puede no estar en algún sitio, aunque entiendo que son lugares incómodos, seguramente difíciles de definir, como sucede siempre que nos acercamos a las fronteras, a los contornos o a los límites.

No me interesan los ejemplos triviales del teorema, saber que en algún momento tendré que cruzar el río si quiero pasar de un lado a otro, sino los escenarios que propone, muchos de ellos ignorados, si no desconocidos o incluso nuevos: las periferias, los lodazales, las brumas; lo confuso, lo borroso, lo desdibujado...

Llevo tanto tiempo habitando en ellos que para mí han dejado de ser lugares de paso. Es posible que hasta esté empezando a sentirme cómodo, o al menos he dejado de esperar que suene el chasquido de la fractura (discontinuidad para Bolzano) dentro de mi cabeza.