martes, 24 de diciembre de 2013

Acabó amaneciendo


Llevaba mucho tiempo sin poner el despertador para ver amanecer. La última vez fue en Los Urrutias, en el Mar Menor, con mi tío Luis y mi padre. De eso hace más de veinte años. Ahora ha sido en Lanzarote y por un momento pensé que el sol se hacía de rogar. Pero acabó amaneciendo, que aunque parezca una obviedad (y como diría José Luis Cuerda), no es poco.

Felices fiestas y felices trescientos sesenta y cinco amaneceres para el año próximo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Kafka se equivocaba


Kafka se equivocaba: no hay esperanza.
Él dijo que la había, y bastante, incluso infinita, pero no para nosotros.
Yo os digo que no la hay, ni una pizca, tampoco para ellos.

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Reflexiones después de estrenarme en una junta de vecinos, la primera a la que asisto después de quince años viviendo en esta comunidad. Visto el orden del día (Aceptación de Presupuestos para la Rehabilitación de las Fachadas) pensé que podía aportar algo y decidí acudir a la convocatoria, pero me equivocaba, igual que Kafka.

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Reflexiones sobre un error de Kafka por pensar que él y yo también somos primera del plural. Prefiero no hablar por él (ya lo hizo suficientemente por sí mismo), pero en lo que a mí respecta, y visto lo visto, cuanto más pienso en ese nosotros más me gusta ser insecto.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mitad Ortega y mitad Gasset


Ya no puedo negarme a ser lo que tengo que ser. Claudicar sería como dejarse morir, como suicidarse, y no hay nadie más envilecido que el suicida superviviente.

No soy un suicida, ni un superviviente. Sólo soy alguien que de vez en cuando usa el lenguaje para expresar sentimientos, y otras veces, la mayoría, para ocultarlos.

Y metidos en faena, vamos a salvar el mundo, ahora que se ha hecho evidente que sólo la filosofía puede hacerlo. Pero no una filosofía cualquiera, sino la de los verdaderos filósofos (sí, esos que se saben inútiles y que no cesan de ponerse en duda incluso a sí mismos). No la filosofía de los políticos, ni la de los pedagogos, ni la de literatos, ni hombres de ciencia, sino la de los que hacen de la razón instrumento, conscientes de que la vida es lucha con las cosas para sostenerse entre ellas y que las ideas son el plan estratégico que nos formamos para responder a su ataque.

Estas reflexiones están magníficamente expuestas y desarrolladas en La rebelión de las masas, de 1930, aunque Ortega y Gasset ya había formulado su Teoría de la razón vital allá por 1914. Parece que ha pasado tiempo suficiente como para poder leerse, y me consta que así ha sido pues se trata del libro en lengua española más traducido del siglo XX. Pero no parece que se haya entendido bien, y este es un miedo que ya tuvo Ortega (y seguramente también Gasset) en el momento de su publicación. Y ahora, al hablar de falta de comprensión, no me estoy refiriendo tanto a los verdaderos filósofos (esos inútiles convencidos que seguramente sí lo han entendido) como a los otros, a los que filosofan desde sus cátedras de hombres de ciencia, desde sus estrados de literatos, desde sus tarimas de pedagogos o desde sus tribunas de políticos.

viernes, 18 de octubre de 2013

Una nota tuya bastará para sanarme


Escuchando a Ravel siento que la música por fin adquiere rango de trascendentalidad. Todo lo demás, anterior o posterior, me parece tentativa. Me consta que fue agradecido con sus antecesores que se dedicaron a ella con tanto ahínco y seguramente, de haberlos conocido, hubiera sido indulgente con sus sucesores a los que no quedó más remedio que tirar la toalla, muchos de ellos sólo después de enloquecer.

Si la música es la más divertida de todas las cosas inútiles a las que podemos dedicar nuestra existencia, la de Maurice Ravel es no sólo contingente, sino además necesaria. Y digo esto con la tranquilidad que da saber que todo el mundo conoce al menos el Bolero, y eso debería bastar para sanarnos.

Pero el que quiera gozar de la mejor salud posible que se haga con una buena versión de los Valses nobles et sentimentales, de Gaspard de la nuit, de la Pavane pour une infante défunte, de los Miroirs, de los Jeeux d'eau, de la Sonatine, de la Tombeau de Couperin, del Cuarteto de cuerdas y del Concierto para piano en Sol mayor.

El Adagio assai de este último es una de mis debilidades. Cuesta imaginar algo tan hermoso, pero mucho más aún que alguien haya sido capaz de escribirlo después de imaginarlo.

jueves, 10 de octubre de 2013

Fin de una trilogía del desánimo


Nuestras ciudades son como vertederos de escombros
si las miramos con una cierta distancia.
Quizás por ello nos sintamos a salvo habitándolas.
Los carroñeros parecen indecisos ante la visión que se les ofrece.
Porque nuestras ciudades, incluso las más bellas,
son como vertederos de escombros
cuando se las mira con una cierta distancia.

Los vertederos de escombros y electrodomésticos viejos
se suelen mirar siempre de cerca.
No es fácil verlos con una cierta distancia.
Alguien se ha preocupado de que permanezcan ocultos en medio del paisaje.
Pero si alguna vez tenéis ocasión de contemplarlos con una cierta distancia,
coincidiréis conmigo en que son como nuestras ciudades,
vertederos de escombros y electrodomésticos viejos,
incluso las más bellas.