martes, 27 de julio de 2010

Aquellos artesanos


La arquitectura es un arte totalmente degenerado. Cualquier inepto sin vocación puede matricularse en una escuela técnica superior y después de algunos años en los que se pondrá a prueba no su talento, sino su tesón, obtener el título que le legitima para llamarse a sí mismo y a boca llena "ARQUITECTO" y pulular por el ambiente profesional como un experto respetable.

Si tiene suerte, con el tiempo acabará dándose cuenta del engaño y hará lo posible por formarse convenientemente, o incluso tal vez, por reorientar sus inclinaciones si ha enfermado de hastío. Pero en cualquier caso, llegado el momento, deberá afrontar la necesidad de sacarse de encima toda la mugre que un sistema educativo, académico y profesional nefasto le ha ido colgando encima a modo de lastre: ocho años de enseñanza general básica, tres años de bachillerato unificado polivalente, un año de orientación universitaria y unos cuantos más de desorientación, primero universitaria, por supuesto, y después en el medio laboral.

Porque esa pesada carga que se nos dio para ser armadura, no tardó en oxidar y hoy se ha convertido en una costra roñosa que entorpece y limita. Convendría desprenderse de ella cuanto antes y, limpios otra vez, experimentar que la piel transpira de nuevo y nuestros sentidos recuperan su sensibilidad primigenia y llegan por fin hasta nuestros oídos las enseñanzas de los viejos maestros, aquellos artesanos... o calesquiera otros.

11 comentarios:

Daniel Domínguez dijo...

Totalmente de acuerdo. Y lo hago extensible a otros ámbitos. Empezando por la formación de los profesores.
Muy bien elegida la fotografía de Frank Lloyd Wright y sus alumnos.
Un abrazo.

Iker dijo...

El sistema ( que no modelo) educativo deja muy poco margen al profesor. Al bueno, al de vocación, al ilusionado, al implicado en la formación en su amplio contexto ( materias curriculares y socialización), … y también al malo, al hastiado, al defraudado por el sistema … Y el sistema falla por todos los lados. Está excesivamente politizado y jerarquizado donde el último mono es el profesor. Hasta que es agredido, humillado y cuestionado si cualquier tiempo pasado fue mejor.
No digo que haya que volver a los capones, a los brazos en cruz y al capirote de orejas de burro mirando a la pared. Hay que dar autoridad al profesor para enseñar, para decidir más en las materias curriculares y en métodos de enseñanza … El sistema, te lo aseguro Jose, provoca en muchos de los profesores los mismos sentimientos que manifiestas como alumno.
No obstante, no lo han hecho tan mal contigo … en la parte “no académica” al menos.

J.Lorente dijo...

Desde luego no es algo nuevo, pero sí es cierto que cada vez se notan más las consecuencias.

Hace ya mucho tiempo que se valora más un papel de dudosa validez que la verdadera Experiencia.

Tranquilo, Jose, que con la cantidad de ineptos empapelados que pueblan hoy el Mundo, no es de extrañar que, en un Futuro no muy lejano, vuelvan aquellos añorados Artesanos.

Un Abrazo, Tocayo.

Ms. Frutos dijo...

Recuerdo hace unos años ver un documental sobre uno de los edificios de Frank Lloyd Wright, me quedé maravillada, qué manera de entender al ser humano! Y esa foto que acompaña tu entrada parece el ideal, lo que se debería ver en una clase. También recuerdo tu entrada sobre oficios y vocaciones.
Sin saber mucho de arquitectura, al menos sé lo suficiente para reconocer que los arquitectos tienen el poder de transformar la sociedad, así que arquitectos sin vocación o concursos públicos que designan sus ganadores a dedo, etc. es algo nefasto para nuestra sociedad. Los incompetentes pululan por todas las profesiones y algunos hasta la han maquillado de manera que parece que de verdad saben lo que están haciendo. Una vez escuché a un profesor americano que decía – En el sistema educativo hay que aprender a no hacer nada y parecer que haces mucho-. Yo con el tiempo he aprendido a identificar a este tipo de “profesionales” y hay bastantes.
En cuanto al sistema educativo, sobre todo la educación universitaria, TERRIBLE. Tengo un hermano que es abogado y a veces me cuenta como en la universidad no aprendió absolutamente nada, aunque estudió como un loco. Fueron 5 años memorizándose el código civil, penal… Yo lo recuerdo repitiéndose las leyes de memoria, ni un solo caso real, nada de nada. El día que se tuvo que enfrentar a su primer caso se dio cuenta que no sabía nada, que las leyes estaban en los libros y que no era necesario recitarlas mientras el cliente te hablaba. Yo misma empecé a estudiar esta carrera. El primer día, un profesor de Derecho Natural dijo algo que todavía le agradezco, a pesar de que demuestra que tipo de persona era. Nos dijo, -Esto es derecho y al que le guste la literatura se ha equivocado de carrera-, inmediatamente pensé -Me he equivocado de carrera-.

Ms. Frutos dijo...

José que pena, no podía colgar el comentario y al final lo he triplicado, no sé si lo puedes borrar.
Por cierto se me olvidaba despedirme,
Un saludo

Mariano dijo...

Estoy de acuerdo con todo lo que dice y cómo lo dice Ms. Frutos. Creo que esta profesión depende absolutamente del promotor, bien sea privado o público, lo que hace que sus criterios(por llamarlo de alguna forma), se impongan habitualmente. Siempre habrá otro arquitecto dispuesto a desarrollar el proyecto más rentable, aunque sea nefasto en términos arquitectónicos, entendiendo como tal aquel que cumple la función para la que nace, pero además tiene armonía, belleza, se integra en su entorno sin estridencias, tiene durabilidad, un mantenimiento razonable y un coste asumible. Si además es original, estamos en presencia de un Genio o un Magnífico "Artesano". El sistema educativo es igual de nefasto para todas las profesiones. Lo que diferencia la Arquitectura de otras, es que tiene una incidencia social y urbana tan evidente que afecta queramos o nó a nuestras vidas. Para comprobar que no andas descaminado no hay mas que pasearse por la costa mediterránea; Cullera, Gandía, Benidorm (este es un caso aparte), San Juan (Alicante), Torrevieja, Campoamor, La Manga (¡Qué pena!), Almería, Torremolinos, Marbella, Fuengirola, Santi Petri etc. etc. etc. ¿Tú crees que después de muchos años ejerciendo la profesión así, alguien es capaz de quitarse la costra y "reinventarse" con un aire nuevo?. Me temo que el único afán es el de conseguir mas clientes. No obstante te diré que yo abomino de los arquitectos estrella que sueltan sus "excrementos ideológicos" donde se les ocurre, con una soberbia y un afán de notoriedad patológicos y con un desprecio absoluto al entorno, como si el centro del universo fueran ellos y su proyecto. Ejemplos de lo que digo son para mi el Kursal, El Centro Georges Pompidou, La Torre Valencia en Madrid, que en otro emplazamiento quizá encajaran, pero en el que tienen destrozan la bahía de San Sebastián, el Barrio de Les Halles y la calle de Alcala. No he visto "in situ" la torre Agbar, pero de momento lo tengo "en cuarentena". Lo de Dubai es para nota. José, no te conozco suficiente, pero me temo que te van a dar mas satisfacciones la Literatura y la Filosofía que la Arquitectura. Disculpad, pero, no sé ser mas conciso en estas cuestiones. Cuando era mas joven y mas radical decía que el último arquitecto en España fué Gaudí. Un abrazo.

Jesús Cánovas dijo...

Solo necesito copiar y pegar lo que ha dicho Daniel:
“Totalmente de acuerdo. Y lo hago extensible a otros ámbitos. Empezando por la formación de los profesores”.

Siempre me cautivo la foto de Casa de la Cascada de mi libro de sociales.

Jose, un abrazo

Estrella dijo...

Como en todos los ámbitos sociales, los distintos tipos de personas se distinguen por el rastro dejado por sus obras. Así escontramos al mediocre,al anónimo, al degenerado, al fanfarrón, al aficionado, al profesional o al genio.

La casa de la cascada, considerada la obra maestra de Frank Lloyd, podría ser la obra de un genio.

almalaire dijo...

Me acuerdo de un cuento de Almudena Grandes donde la protagonista le preguntaba a una señora mayor por el trabajo de un antiguo (y tenacísimo) pretendiente suyo(suyo de la protagonista, no suyo de la señora mayor, estoy espesita hoy) El caso es que la buena mujer sólo recordaba que era algo importante y que empezaba por A

Abogado? decía ella
No, contestaba la señora, mucho más importante que eso

Arquitecto? No, decía la señora, tan importante no.

Finalmente el hombre resultaba ser antrópologo pero lo que yo quería decir es que en la percepción de la gente común, como la señora y como yo("letrosa" y literalmente incapaz de dibujar un pentágono dentro de una circunferencia, obteniendo a cambio graciosas casitas o magdalenas) la Arquitectura es el epítome de la importancia y la brillantez. Estoy segura de que quedan muchos arquitectos dignos de ese concepto y también de que tú eres uno de ellos.

Un beso

(A mi también me encantaba la casa de la cascada, Jesús y yo debimos tener el mismo libro de sociales)

Jose Lorente dijo...

Daniel, esa imagen de Wright (que tan bien has sabido identificar) me recuerda a la Academia de Platón o al Liceo de Aristóteles, lugares donde uno no sólo aprendía una serie de conocimientos más o menos instrumentales, sino donde se formaba como persona. En Taliesin el arquitecto estadounidense quiso ahondar en las relaciones entre maestro y discípulo, transmitiendo un saber técnico o artístico pero, sobre todo, una forma de vida. Son muy significativas en ese sentido las fotografías de los alumnos desayunando y haciendo otras tareas cotidianas en esa comunidad de aprendizaje.

Iker, ¿no serán los alumnos los que dejan poco margen a los profesores? Se conforman con recibir una formación que les ayude a encontrar su sitio en el mercado laboral. Mi intención con el mensaje no era tanto criticar el sistema académico (que evidentemente está lleno de defectos muy criticables) sino mostrar que las artes (entre las que cabría incluir a la arquitectura, se supone) deberían enseñarse de otra manera. Parece que hoy en día no hay mucha diferencia entre aprender una ingeniería, economía, farmacia, periodismo o arquitectura.
Te agradezco muchísimo la última frase. Lo que pueda haber de bueno en mí no lo he aprendido en las aulas. En todo caso me lo han enseñado buenas compañías como la vuestra.

Tocayo, la titulitis es una mala enfermedad de la que nuestra sociedad está muy afectada. Confío plenamente en lo que dices: tarde o temprano ha de volver a valorarse ese tipo de actitud que es, ante todo, una opción de vida.

Anabel, no sé si ese profesor americano hablaba irónicamente, pero acertaba al describir el sistema educativo actual. Para mí el ideal sería transmitir el amor por lo que haces, contagiar a tus alumnos ese entusiasmo por lo que se supone es tu vocación. No encontré a nadie así en mis años de estudiante. Algunos ponían unas ciertas ganas, pero no pasaba de ahí. Aún así, y retomando el comentario de ese profesor de derecho natural, no tengo la sensación de haberme equivocado al elegir la carrera que estudié, ya que haber hecho arquitectura me ha salvado de perder otras vocaciones.

Mariano, pues para lo poco que me conoces has acertado plenamente con lo de las satisfacciones. Es difícil hacer una buena obra de arquitectura sin un encargo interesante. En eso el promotor es fundamental, aunque he de decirte que las obras de las que me siento más satisfecho son aquellas en las que el cliente me ha dado libertad absoluta para desarrollar el proyecto. También las obras van mejor cuando la propiedad no aparece. A mí me preocuparía que el cirujano me preguntara, estando yo tumbado en la camilla del quirófano: "¿Qué le gustaría que le hiciera?". Recuerdo estar en uno de los últimos cursos de urbanismo cuando se publicó en las revistas el proyecto del Kursal antes de comenzar las obras de construcción. Teníamos que hacer un ejercicio sobre el parque tecnológico y empresarial de la cubeta del Vallés, entre Cerdanyola y Sant Cugat. Me pusieron un notable por implantar en todo ese espacio más de veinte kursalitos dispuestos alrededor de un estanque. No le hubiera ido mal a ese trabajo unas cuantas torres Agbar para diversificar la tipología, pero es que, al margen de que entonces aún no se había proyectado, y pensando en lo que a mí me interesaba de cara a solventar el trámite de la signatura lo antes posible, la ocupación en planta era considerablemente menor.

Jose Lorente dijo...

Jesús, es el problema de llegar a los comentarios después de que lo haya hecho Daniel. A mí también me pasa en otros blogs. La casa de la cascada es un claro ejemplo de cómo el artista inspirado es capaz de mejorar la naturaleza.

Estrella, la casa de la cascada es la obra de un genio. No busques algo así en el rastro que yo he dejado con mis obras de arquitectura. Intento, por lo menos, que haya una cierta profesionalidad en ellas, pero hace tiempo que he renunciado a llegar más lejos (y no es poco) en esta actividad que es la que me proporciona el sustento.

Almalaire, veo que funciona el módem USB de lo cual me alegro mucho, pero úsalo sólo de noche, cuando oscurezcan los paisajes que te rodean. Agradezco tu confianza pero he de decirte que en mi actividad de arquitecto, si en términos de arquitectura como arte hablamos, no he conseguido ir más allá de la mediocridad. Eso sí: profesional cumplidor como el que más, pero los destellos de brillantez, si alguna vez los hay, tengo muy claro que no van a ser en este campo. Yo le hubiera dicho a la señora: "Agricultor".

Parece ser que blogger limita el número de carácteres de los comentarios, por lo que he tenido que partir el mío en dos. Digo esto porque los agradecimientos y los abrazos que envío a continuación son para todos, también para los que he respondido en el comentario anterior. Ahí van:

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios. El blog gana en interés gracias a ellos, al menos para mí, incluso cuando se habla de arquitectura.

Un abrazo fuerte y hasta pronto.