martes, 20 de julio de 2010

¿Cómo explicar que me vuelvo vulgar...


...al bajarme de cada escenario? *

Entendamos vulgaridad como mediocridad y escenario como el sitio en el que uno se siente autor y tendremos una de las reflexiones fundamentales que cualquier creador (o pretendiente a serlo) pueda hacerse sobre su existencia.

Yo no aspiro a tanto, me conformo con sentirme moderadamente feliz y discretamente digno, quizás por eso evito hacérmela la mayor parte del tiempo. **

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* La frase pertenece a la canción "Ojos de gata" de Enrique Urquijo, inspirada en unos versos de Joaquín Sabina. Resulta muy interesante comparar los temas que ambos compusieron tras desarrollar de forma independiente sus ideas partiendo de unas mismas estrofas y entender así el tipo de artista que cada uno era o ha acabado siendo. Es igualmente curioso observar el lugar que el destino tenía reservado para ellos: el de Sabina está por ver pero se intuye; Enrique murió de sobredosis en un portal de Malasaña el 17 de noviembre de 1999 a la edad de treinta y nueve años.

** Falsedad execrable. No me conformo con sentir una felicidad moderada. Deseo la felicidad absoluta y debería al menos luchar por ella para sentirme mínimamente digno. Esa es mi verdadera aspiración y por ello no dejo de martirizarme con la dichosa pregunta que resuena en mi cabeza incesantemente una y otra vez.

11 comentarios:

BLANCO dijo...

La gran contradicción de la felicidad es que si debes luchar por ella ya no puedes considerarte feliz. Salvo que te haga feliz luchar.
Joder, José, no me hagas pensar que estoy en el trabajo y tengo que escribir chistes, por favor.

Casi anónima sonríes. El sol dora tus cabellos. ¿Por qué para ser feliz hace falta no saberlo? Pessoa.

Abrazo grande, Jose.

Maia dijo...

A veces me pasa que me doy cuenta que era felíz o fui felíz en tal o cual circunstancia y no lo sabía. Pero también me ocurre que hay momentos en los que me congelo por un instante y me digo "soy felíz", y es maravilloso. Un abrazo,

Maia dijo...

test

Estrella dijo...

No sé si fue en un pueblo con mar o una noche después de un concierto, ni tan solo si reinaba detrás de la barra del único bar que vimos abierto. Lo único que yo sé es que aún sueño con sus "ojos de gata".

Maravillosa entrada.

Ms. Frutos dijo...

Creo que la felicidad en la mayoría de los casos no es algo que se tiene o no se tiene, sino que se debe trabajar para obtener. Por eso creo que la felicidad debe estar en el cambio, ya lo decía Heráclito, en ser capaces de desplegar todas nuestras capacidades como individuos, en conocernos internamente lo mejor posible y en ser sinceros con nosotros mismos. Sobre todo eso, ser sinceros con nosotros mismos, no en construirse una vida engañosa, que es lo que suele hacer el ser humano.
Nos seguimos moviendo por pasiones, pero éstas van cambiando a lo largo de nuestra vida, simplemente pienso que las pasiones que nos mueven con el pasar del tiempo son mejores o deberían serlo, pero ¿quién dijo que esto fuera fácil?
Un saludo

almalaire dijo...

Apenas una semana antes de despertarme con la increíble noticia de su muerte, yo vi a Enrique Urquijo en un concierto mínimo. Actuaba con su otro grupo,"Los Problemas" y quizá no hubiera más de cuarenta personas en la discoteca. El hombre que llevaba casi veinte años llenando donde quiera que iba, tocó y cantó como si fuéramos cientos de miles sólo que mejor. Entre mis amigos, el hecho de que te gustasen "los Secretos" era una especie de deshonor, no tanto como ser fan de los Hombres G, por ejemplo, pero casi. Sin embargo a mi me encantaban. No exactamene "los secretos" sino "EL", esa voz oscura y profunda como el pozo negro donde vivían, a salto de mata, todos sus antihéroes, sus perdedores, sus amantes desgraciados...

Cuando Sabina sacó "Y nos dieron las diez", mi amiga Claudia me avisó, ves? dijo, lo de Urquijo acaba en gatillazo y lo de Sabina en jodienda.Urquijo terminará mal.

Y sin embargo yo no creo que ni bajo el escenario, ni jamás sobre él, Enrique Urquijo haya sido nunca vulgar, y tampoco infeliz...decía que cuando se sentía mal componía canciones y por eso siempre hacía canciones tristes porque cuando se sentiía bien lo que hacía no era componer sino disfrutar.

Me encantó la entrada, Jose. Siento haberme enrollado tanto :( p

Un abrazo grande.

Estrella dijo...

PD.:La felicidad absoluta? En ocasiones se consigue ser feliz un instante y no siempre depende de ti. Por eso recordar momentos felices a través de una canción puede envolverte en un halo de nostalgia (me ha ocurrido con esta entrada) por aquello que un día tuviste y que has perdido.

Seré optimista, la felicidad absoluta no, pero me quedan muchos momentos felices que vivir y si son en compañía muchísimo mejor.

J.Lorente dijo...

Creo que hay una cosa difícil de conseguir... Cuando uno se dedica al Arte (sea cual sea), ofrece una parte de sí que en el fondo es uno mismo. Pero el día a día te obliga a comportarte de forma diferente y cambiante en cada momento, y no siempre es uno lo que fue cuando creaba su obra. Por eso los demás ven dos personalidades en un Artista: La Persona y el Personaje.

Me temo que no me he explicado demasiado bien... Lo siento.

Un Abrazo.

josefa dijo...

seterLa felicidad no es una meta a la que se llega caminando.
Es una manera determinada de andar;como todo es aprender a echar los pasos y a saber poner los pies.Muchos besos

Jose Lorente dijo...

Blanco, precisamente hice una entrada hace algún tiempo sobre la adorada lid, esa lucha deseada y gozada, el placer de la praxis.
No me parece mal trabajo escribir chistes. Organicemos nuestra gira humorística cuanto antes y ya verás qué manera de disfrutar, aunque nos la tomemos como un trabajo.
Precioso el texto de Pessoa. También le doy vueltas a esa pregunta desde que la he leído.

Maia, a pesar del poema de Pessoa, a mí también me maravilla ser cosnciente de mi felicidad en ocasiones. Pero cuando nos decimos que somos felices, sobre todo hace falta saber que estamos siendo sinceros.

Estrella, esos ojos de gata debían ser preciosos cuando Enrique estaba dispuesto a cantar si le demostraban que era verde su luz. Maravilloso tu comentario, tus dos comentarios. La memoria nos ayuda a revivir los buenos momentos, pero también el olvido sirve para no recordar los malos. Hay que saber usar convenientemente ambos recursos.

Anabel, es el comentario que yo mismo hubiera podido añadir a la entrada como nota al pie, pero aunque nadie dijo que fuera a ser fácil, tampoco creo que tenga que ser difícil. Una de las claves está, como apunta Blanco, en disfrutar de esa lucha, de ese trabajo que dices tú, o de ese caminar que dice Josefa. La otra es la sinceridad con uno mismo. Así ha de ser fácil, seguro. A mí al menos me parece fácil de llevar el placer, el goce, la dicha...

Almalaire, tu comentario también podría firmarlo yo mismo. Vi a Enrique Urquijo con Los Problemas en la Sala Bikini de Barcelona pocas semanas antes de su muerte. Me había peleado con mi novia de entonces y aproveché la entrada que había sacado para ella invitando a mi amigo Xavier. Fue un concierto fantástico y recuerdo que acabamos de charla con Ambite, el mítico bajista de Los Pistones que estaba haciendo de roadie en la gira, un tipo que se busca cualquier excusa para no bajar del escenario.
En relación al dualismo de Enrique, creo que lo describes muy bien, pero te olvidas de que la droga también fue un refugio para él además de la música, y a pesar de que lo había superado casi totalmente, cometió la típica imprudencia del que recae estando limpio, y lo pagó carísimo. Fue un día tristísimo para todos los amantes de la música, de ese tipo de sensibilidad, de esos gatillazos y de esos perdedores.
Me ha encantado tu comentario y que tengamos tanto en común.

J., te has explicado perfectamente. Ese tipo de dualismos no efectan sólo a los artistas, pero entiendo que es en ellos donde se hace más dramático. El artista tiene una actitud determinada ante el mundo, una forma de mirar alrededor que difícilmente dejará de contaminar el resto de sus miradas. Un oficinista lo tiene muy fácil para pasar del personaje a la persona o viceversa; cuelga el uniforme en la percha o se lo pone en función de lo que toque hacer en ese momento. Pero el escritor (por poner un ejemplo con el que seguro que aquí todos nos identificamos) llega un momento en que no puede cambiar la lente con la que mira las cosas. Ya no puede dejar de ver con los ojos del escritor, y si lo pretendiera, no vería nada que le valiera la pena.
Sé que es una lectura excesivamente apasionada del arte, pero permitidme que, al menos aquí, lo sea, antes de ponerme otra vez el mono de faena.

Josefa, no está mal plantearse algunos objetivos pero no hay que obsesionarse en cumplirlos. No parece probable que ellos vayan a venir hacia nosotros, así que como bien dices, mejor echarse a andar, incluso en cualquier dirección, a ver si hay suerte y nos los encontramos por el camino. Pero si antes nos lo pensamos un poco y tenemos una ligera idea de hacia dónde tirar, es posible que aumenten las posibilidades de que ese encuentro se produzca.

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios. Ha sido una entrada en la que me quedo con la sensación de que basta con plantear un tema interesante a unos buenos pensadores (vosotros, queridos comentaristas) para que el debate resulte fructífero.

Un abrazo fuerte y hasta pronto.

Jesús Cánovas dijo...

“Me puse mi gorra nueva y me senté ha leer Memorias de Africa”(Holden)
“Me tumbe en la cama y me puse a leer El guardián entre el centeno”(Jesús Cánovas)
Jose, la felicidad, no sé, un globo que se le escapa a un crío. No sé, por aquí andamos. Un abrazo.