lunes, 15 de febrero de 2010

La sobriedad del corredor de fondo


Uso aquí el término "sobriedad" en su primera acepción de la RAE según la cual significa moderación y no tanto cualidad del que no está borracho como recoge la tercera y quizás más usada (semánticamente, que no sé yo si en los usos y costumbres).
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Muchas veces me he preguntado si hay vida inteligente en el deporte extremo, y últimamente me inclino a responder con una rotunda negación, y casi con total certidumbre, cuando se plantea la cuestión.

Esto no quiere decir que yo piense que todos los que participamos en carreras de fondo seamos unos descerebrados. Pero de lo que estoy convencido es de que no hace falta tener cerebro para ello, más allá de las funciones puramente mecánicas y motrices, claro. Lo que pretendo manifestar exactamente es que lo intelectivo no es necesario en absoluto en este tipo de pruebas.

Recomiendo practicar deporte, por supuesto. Correr por el campo entre olivos y almendros, con buena climatología, nunca más allá de la fatiga razonable, es un enorme placer y contrastadamente saludable. Hacerlo con moderación es una muestra de inteligencia porque con ello mejoramos nuestra calidad de vida, no sólo como poiesis, sino también como praxis.

Pero llevar esto al extremo, incluso superando los límites de nuestra resistencia (tanto física como mental) en las condiciones más desfavorables, simplemente por el supuesto placer que entraña podérselo contar después a alguien, lo considero una soberana memez.

El atractivo de estas pruebas debe tener algo que ver con el hecho de vencer retos, de cumplir objetivos, de superarse a uno mismo. Pero yo no acabo de verlo del todo claro, y si alguien tiene algún otro argumento favorable en este sentido le agradecería mucho que me lo hiciera llegar cuanto antes. Me ayudará a no ser tan cruel conmigo mismo en estos momentos tan duros para mí, pues he de deciros que el que suscribe estas reflexiones está inscrito el año en curso al maratón popular de Valencia, al Ironman de Lanzarote y a la Quebrantahuesos de Sabiñánigo, ...por ahora.

11 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

¡Dios, qué narices las tuyas! O mejor, qué pies, qué corazón, qué pulmones. Me dejas anonadada con las maratones.
Pues te mando muchos ánimos. La "soledad" la tienes por el tópico, la "sobriedad" por ciencia infusa, el sentido del humor por la inteligencia y la fuerza por esos genes fantásticos que heredaste y te permiten ser todo un campeón.
¡Pero qué sano y fuerte eres!
Snif... Pero se recuperarán totalmente mis ligamentos y podré pasear por el monte, que donde vivo un paseo largo equivale a una cuarta de maratón.
A pesar de tu locura corredora (me canso con solo pensarlo), te animo y te aplaudo. Acabarás con todos con esa salud de hierro.

Thornton dijo...

Isabel, si no te importa guárdame algún piropo, no los gastes todos con Jose.
Siempre he admirado a los corredores de fondo, a los corredores en general. Me parece un deporte muy duro y reservado para unos pocos elegidos. Admiro a los que hacen un deporte donde no medie una pelota. Yo si no hay una pelota que disputar, la que Di Stéfano llama "vieja", parece que me falta algo. Un abrazo, y suerte en las carreras.
P.D.Recuerda lo que les decía a mis jugadores de baloncesto: "ganar no es lo más importante, es...lo ÚNICO importante.

Estrella dijo...

Como dijo Décimo Junio Juvenal, allá por el siglo I: «Mens sana in corpore sano».
Que disfrutes mucho, que de eso se trata.

madison dijo...

Hala!!! estás hecho un fenómeno.
A mi me gusta nadar.

Antonio Parra Sanz dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con Estrella, déjate de indagar en el cerebro de los que serán tus rivales y disfruta de esas pruebas. Olvídate de lo que no sea satisfacer tu afición o tu afán de superación. A mí me parece admirable, qué quieres que te diga. Y de paso desmontas una vez más el tópico de que ningún deportista tiene un cerebro medio decente. Un abrazo

Jose Lorente dijo...

Querida Isabel:

Esa genética cartagenera (de Los Dolores a más señas) amante del gorrino en todas sus variedades me obliga a hacer algo de deporte para no sentir como el cosmos se encoje dramáticamente a mi alrededor. Y claro, cuando uno es por naturaleza un fondista del gorrino, también ha de serlo del deporte para mantener el equilibrio.

Espero que te recuperes pronto de tus ligamentos y puedas disfrutar otra vez de tus paseos por el monte. Paloma y yo también somos muy aficionados al senderismo. Hay una ruta por la huerta murciana que Josep M. Espinàs recoge en su libro de viajes "A peu per Múrcia" que tenemos muchas ganas de hacer. Va de Cieza a Balneari pasando por Abaran, Blanca, Ricote, Ojós, Ulea, Villanueva del Río y Archena. No conocemos nada de esta zona. ¿La recomiendas?


Querido Thornton:

Adoro esos celos. Sabes que Isabel regala piropos allí por donde va.

Nosotros decimos que acaba dedicándose al fondo el que fracasa sistemáticamente en sus tentativas deportivas previas.

Y para seguir alimentando la teoría de que tú y yo somos almas gemelas, te diré que mi primer deporte fue el baloncesto y mi segundo, y más importante, el tenis, al que todavía juego de vez en cuando. Lo que sucede es que me resulta más fácil calzarme unas zapatillas y salir a correr que quedar con algún compañero, reservar pista, que no llueva, que no haga demasiado viento, que la pista esté en buen estado, estar fino de toque... Demasiados condicionantes como para disfrutar de la práctica. Y si encima te ganan, ¡pués ya me dirás!

En las carreras, con miles de participantes, es mucho más fácil conseguir ese objetvo único que es la victoria: basta con pensar que el triunfo consiste en acabar la prueba.


Querida Estrella:

Eso me gusta pensar: que lo hago para disfrutar. Lo malo es cuando empiezas a sentirte realmente fatigado y te das cuenta de que te faltan... ¡veinticinco kilómetros!


Querida Madison:

Nadar es lo más sano, pero también lo más aburrido. Me refiero a esas tiradas largas de cuatro mil metros en piscina en las que acabas aprendiéndote de memoria cada una de las juntas del ambaldosado del fondo. Pero unos largos tranquilitos para relajar muscularmente son una delicia.


Querido Antonio:

Puestos a utilizar decentemente ese medio cerebro que me atribuyes tan generosamente, te diré que no me considero un dualista de los de cuerpo y espíritu, o físico y mente. Pienso que tanto cuidamos el cerebro haciendo deporte, como nos sentimos bien físicamente con el alma contenta. ¡Y qué nos alegra más el alma que unas cervecitas bien frías! Nos tomamos unas cuantas pronto, amigo.


Muchísimas gracias a todos por vustros comentarios y unos maratonianos abrazos de ironman sin ánimo de quebrantaros los huesos.

Paloma dijo...

¡Qué penita Jose!
Leyendo esto parece que lo pasas mal y todo con estas pruebas deportivas y creo que, en el "fondo", te encantan, y sientes placer tanto por la consecución del fin como durante el desarrollo de la carrera.
Pocas veces has dicho "nunca más" pero, cuando lo has dicho, has tardado un día (por no decir horas) en mirar en el calendario la fecha del siguiente Ironman.
En fín, qué duro ser triatleta consorte.
Beso.

Ramon.Eastriver dijo...

Tienes razón y aplícate el cuento, que tanto deporte no puede ser bueno.. Yo os miro con simpatía y admiración, no te pienses. Con mucha incluso. Sobre todo (os miro así) cuando yo voy tan ricamente en coche y pasa algun Jose haciendo footing echando las bofes. Tengo la tentación de alzar el brazo, hacer la señal de la cruz y sentirme el mismísimo Santo Padre en el papamóvil.

Verás, va en serio que lo respeto, que además lo tengo en casa. Pero no va conmigo. Peor para mí, lo sé, que el deporte es sano. Pero también pienso que hay personas que necesitan más y otros que necesitan menos el deporte. Yo soy de los que menos, está claro. En cualuqier caso, y ahora en serio, los excesos si que no son buenos nunca. Ni excesos por poco ni excesos por demasiado. Un abrazo.

Isabel Martínez dijo...

Lo que me he reído con la confesión de que eres un fondista del gorrino. ¿Y quien no?
Pero entro para responderte. La ruta que comentas no la conozoc, porque supongo que hablas de ella a efectos de hacerla a pie. Sí conozco los parajes y lugares y te aseguro que el valle de Ricote no te defraudará lo más mínimo. Es un vergel salpicado de palmeras, una auténtica delicia para relajarse. De Archena y su balneario hasta el alto Ricote, la vista se sosiega (te hablo desde la experiencia de ir coche). Pasas por algún pueblecito (Villanueva del Río) y otros los ves muy cercanos (Ulea, Blanca). Para terminar bien la excursión, nada como aterrizar en Ricote, descubrir su diminuto y recoleto centro y reponerse con un vino de aquí, abocado y exquisito (ojo, que se sube mucho).
Ya me contarás la heroicidad de la ruta a pie.
Abrazos, amigo deportista.

Jose Lorente dijo...

Paloma:
Supongo que tú, mejor que nadie, puedes decir que en el fondo me gusta y que me siento bien haciéndolo. Lo importante es que funcione bien el consorcio.
Besos.

Ramon:
¡Qué bueno sería poder acertar con eso del término medio! Pero he de confesarte que en ocasiones me tientan los excesos, y yo me dejo seducir.
Piensa que esto de correr es una buenísima actividad para esos ejercicios de introspección que tú proponías en tu blog.
También yo, cuando los veo desde el coche, pienso que a dónde irán esos pobres desgraciados. Pero no está del todo mal poder experimentar los dos puntos de vista.
Un abrazo.

Isabel:
Muchísimas gracias por la información. Veo que conoces bien el Valle de Ricote, que es justo el subtítulo que utiliza Espinàs en su libro. Él lo hace andando en varias etapas pernoctando en los pueblos de la ruta. Así es como a nosotros nos gustaría hacerla, a bajas pulsaciones y sin jadeos.
Un abrazo.

Dazpe dijo...

Tu lo has dicho, el reto de superación, y el hecho de conseguirlo ,es uno de los placeres mayores en el ser humano. Lo cual no significa ser inteligente, significa únicamente ser humano.