jueves, 18 de febrero de 2010

Oficios, vocaciones y cometidos


Hay cosas que se pueden hacer sin vocación pero sabiendo el oficio, y apenas se nota (quiero decir que apenas se nota que se conoce el oficio).

Por otro lado, también existen las que se hacen con gran vocación pero sin saber el oficio, y entonces se nota muchísimo (quiero decir que se nota muchísimo que se disfruta con lo que se hace).

En el primer caso será difícil que se adquiera la vocación, pero en el segundo será muy fácil que se acabe aprendiendo el oficio.

Yo empecé a ejercer con una gran vocación y con muy poco oficio, pero conforme fui aprendiendo el oficio fui perdiendo la vocación. Lo que no habían logrado los pésimos profesores de la facultad, lo estaba consiguiendo la realidad de la profesión (y no me refiero a aprender el oficio, sino a perder la vocación).

Así que hoy, después de diez años de ejercicio profesional más o menos intenso, me siento sin saber el oficio y sin vocación, y si me apuráis, sin cometido. Creo que definitivamente ha llegado el momento de plantearme (con circunspección, faltaría más y perdón por la media sonrisa) algunas cuestiones.

15 comentarios:

Jose Lorente dijo...

Los tres primeros párrafos de esta entrada aparecieron (con ligerísimas variaciones) hace unos días como comentario en el artículo "Profesores (y II)" del blog Thornton Club.
A él quiero agradecer el estímulo que me llevó a reflexionar sobre estas cuestiones.
Un abrazo, Thornton.

Isabel Martínez dijo...

Me quito el sombrero y te aplaudo con ganas.
¡Qué reflexión más buena! Y es buena porque está exquisitamente escrita o, si se quiere, por estar exquisitamente escrita, es buena. Sólo se expresa bien lo que se piensa con claridad (el "logos" griego).
Me alejo de pensamientos sofistas que a nada conducen y entro en materia, porque me identifico contigo, y mucho.
Te diré que me gano la vida en el mundo jurídico. Nunca sentí vocación por él y sigo sin sentirla. Pero pronto adquirí mucho oficio, quizá demasiado.
Mi vocación de toda la vida es escribir, muy grande, muy fuerte, siempre presente, porque siempre me recuerdo escribiendo. Ahí tengo vocación, pero no oficio. Si algún día combino aquí la vocación y el oficio, me moriré del gusto.
Abrazos, lúcido José.

Ramon.Eastriver dijo...

No puedes dejarlo así, odio los puntos suspensivos. Espero una segunda parte, aunque te entiendo perfectamente. (Leí este inicio en Thornton, que sabes que entré de lleno, pero Thornton es un amigo y supo disculpármelo... De la misma manera que ahora has continuado espero que continues la continuación... ) Eso es lo bueno que tienen los blogs, que a veces generan reflexiones.

Thornton dijo...

Jose, conozco algo la realidad de tu trabajo. Mi mejor amigo, el de la ópera, es compañero tuyo de profesión y constructor. Creo que es dificil desarrollar tu talento con tanto promotor-depredador. Salvo excepciones, se persigue abaratar costos, el buen gusto y el talento quedan relegados.
Estoy con Ramón, ( que por cierto, en nuestro debate sobre vocación estuvo auténtico , nada que disculpar), esta entrada debe tener una segunda parte.
Un abrazo.
P.D. Isabelllllll...

Mariana dijo...

A mi lo que me pasó fue que cuando dejé la profesión conservé la pasión.
Hoy me temo que al haberme alejado del oficio se me vaya transformando la mirada, que se empobrezca.
Me estoy volviendo algo hortera...
No sé si me explico...
¡probablemente no!
pero bueno, ¿qué remedio si no, como dices tú, plantearse algunas, muchas, infinitas cuestiones?

Jose Lorente dijo...

Querida Isabel:
Lo del mundo jurídico sí que tiene que ser duro sin vocación, pero no dudo que seas una buenísima profesional.
Por proximidad alfabética de apellidos he estado hombro con hombro con muchos y muchas Martínez durante la enseñanza general, el bachillerato, la carrera, la mili (aquí sin muchas)... ¡Qué bonito pensar que nuestras creaciones literarias puedan acabar lomo con lomo en los estantes de las librerías!
Creo que, en lo que a escribir se refiere, no te falta ni el oficio ni la vocación: la vocación porque ya nos lo dices tú, y el oficio porque lo noto al leerte, tanto como la vocación.

Estimat Ramon:
Después de leer tu comentario he pensado que esta entrada es la primera parte de una segunda que escribí con anterioridad titulada "En el ejercicio de la profesión". Es del 9 de diciembre de 2009, así que, si la quieres leer, no hay que irse muy atrás en la página. (Esto va también por Thornton que igualmente reclamaba una segunda parte).
Ya vi que Carlos y tú hicisteis interesantísimos comentarios a la entrada "Profesores (y II)". Thornton tiene la culpa de que reflexionemos ahora sobre estas cuestiones, e incluso manifestemos nuestros distintos puntos de vista que es lo que genera debate y es más interesante aún que la mera meditación.

Querido Thornton:
Haces una muy buena síntesis de lo que es el ejercicio de la profesión. No hay apenas lugar para desarrolar la creatividad o el talento. Así poca vocación se necesita y, por contagio, muy poquito oficio también. Se acaba conviertiendo en una actividad gris que es lo último que uno quería cuando se inclinó por esta disciplina. ¡Pero peor debe ser aún el mundo jurídico de nuestra querida Isabel!

Querida Mariana:
¡Qué mérito el tuyo!
Arquitecta brasileña que conoció a un francés en Munich viviendo ella en España y ahora da clases de español en Francia. ¡Y escribe el castellano así de bien!
No pasa nada por que se nos transforme la mirada. La mirada nunca se empobrece. Lo que pudiera empobrecerse es el alma, pero no es el caso, ni mucho menos.
Muchas gracias por pasarte por aquí, desde donde recomiendo tu blog para todo el que quiera ver preciosas fotografías hechas con la mirada del que observa con una enorme sensibilidad.

Un abrazo fortísimo para los cuatro y muchísimas gracias por vuestros comentarios.

Carlos dijo...

Me uno un poco tarde a este segundo e interesante debate sobre vocación-profesión. Lo primero es lo primero y es que el escrito de Jose me parece redondo en la forma y en el fondo (siempre me han encantado los buenos juegos de palabras y la ironía que tan bien controlas).
Isabel, me siento un poquitín como tú. Estoy fuera del mundo que yo creía haber escogido por "vocación" y me siento un poco marciano pero trabajador. Y eso me lleva a pensar que habláis de vocaciones casi específicamente para un tipo de profesiones (profesores, arquitectos, jueces..) y luego quedan aquellos obreros que trabajan simplemente por llevar un dinerito a su casa, muchos de ellos buenísimos profesionales que llegaron al puesto sin vocación alguna, porque existen trabajos donde no hay vocación porque nadie nos ha informado de su existencia. Entiendo que el debate creado por Thornton venía a través del problema en la educación, pero si se amplia se deben tener en cuenta muchos más parámetros. Bueno paro y os cedo la palabra.

Ms. Frutos dijo...

Algunas veces he pensado en artistas como Joan Miró, al que tenían que sacar a la fuerza de su taller para comer y dormir. Si no trabajaba su cabeza corría el riesgo de estallar. Que maravilloso sería que la vida nos regalase este don, sin la necesidad siquiera de ser grandes genios. Es que yo creo, que el resto de problemas, que a los demás nos hunden a veces, carecerían de sentido. Cuantos personajillos de la literatura no han vendido su alma al diablo por algo así.
Luego estamos los otros, los que no hemos sido bendecidos con ese don y sólo en momentos precisos sentimos esa emoción, esa magia (lo bueno es que la sentimos). No es necesario que sea en el trabajo, en los trabajos ya se sabe, hay de todo, miserias y alguna que otra gloria, pero lamentablemente predominan las miserias. La burocracia, la administración, los compañeros antagónicos...
Carlos, tu vocación no está en el trabajo, pero la tienes y lo sabes.
Arquitectura y vocación, Jose tal vez ya lo hayas leído, pero sino te recomiendo "El manantial" de Ayn Rand. Por cierto, ayer entré por primera vez en tu blog y estuve leyendo algunas de tus entradas, te felicito, son muy interesantes. Hay una especial que me llegó, "La fuente de Duchamp".
Gracias Carlos y Thornton por traerme hasta aquí.

Isabel Martínez dijo...

Me fui de la lengua el otro día con lo del oficio, querido amigo José. Pero conozco tu discreción, como la de Thornton, la de Ramon y la de Carlos. Así que quede entre nosotros, que bastante cruz arrastro durante muchas horas como para seguirla en este ámbito de libertad.
Besazos a todos, queridísimos amigos. Sois encantadores.

Jose Lorente dijo...

Es un lujazo tener comentaristas como vosotros.

Querido Carlos:
Seguro que conoces "Night on earth", la peli de Jarmusch sobre cinco historias de taxistas en diferentes ciudades del mundo, con esa incríble banda sonora de Tom Waits. En la primera historia Winona Ryder conduce su taxi por Los Angeles llevando a la grandiosa Gena Rowlands que no para de hacer llamadas relacionadas con su trabajo con actores. En el transcurso de la carrera reconoce el potencial interpretativo de la conductora y le ofrece hacerle unas pruebas. Sorprendentemente ella rechaza la propuesta y se declara una taxista absolutamente vocacional.
Así que no pienso que la vocación sólo deba relacionarse con unas determinadas profesiones por ser creativas, o por que impliquen generosidad, o un talento especial, o un determinado ingenio.
Me encantaría que el panadero de mi barrio fuera un profesional con vocación, y no porque el pan vaya a estar mejor en ese caso, sino simplemente porque prefiero pensar que el que me lo elabora es feliz haciéndolo.
Creo que nadie hasta ahora había hablado de la felicidad, pero considero que aquí está la clave de la cuestión.

He acabado con los Siete Hombres. Sencillamente genial. Voy a por Jacobs. Gracias una vez más por la recomendación.

Querida Ms. Frutos:
Qué alegría verte por aquí después de haber leído tan buenos comentarios tuyos en otros blogs amigos.
Permíteme decirte que tú, al menos, has sido bendecida con el don del sentido común, y no me cabe duda de que con alguno más a tenor de las consideraciones tan acertadas que haces y de lo bien que las expresas.
No he leído el libro de Ayn Rand, pero sí he visto la película de King Vidor con Gary Cooper. Seguro que la novela es mejor. La historia que cuenta viene muy al caso, aunque creo recordar que pone mayor énfasis en la cuestión de la ética profesional que en el de la vocación.
Me alegra mucho que te haya gustado mi blog y espero verte por aquí de nuevo. He visto que el tuyo está enfocado a actividades que haces con tus alumnos. Muy interesante, y una muestra de profesionalidad, ¿o de vocación?

Querida Isabel:
Queda entre nosotros, por supuesto. Has tenido suerte de que sea justo aquí, donde somos pocos, discretos y, sobre todo, complacientes contigo.

Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios. Se han dicho cosas interesantísimas y, sin ánimo de exigiros más todavía, dejo abierto el debate.

Is@Hz dijo...

Para algunos puede que su principal ocupación remunerada no sea el lugar apropiado donde volcar su vocación, pero es evidente su vocación en la vida.¿Hay algo más importante? Otras cuestionan la vocación, cuando la desparraman como gallina clueca fuera de las aulas.¿Será cuestión de términos? O dedican el doble de horas preparando representaciones en pro de la motivación, oculta tras la máscara de la racionalidad. ¡Será cuestión de términos! Gracias Jose por hacerles salir y enhorabuena por tu entrada.

Dazpe dijo...

Amigo Jose,
En primer lugar muchas felicidades por no tener temor a enfrentarse al pasado. Es muy dificil cuestionarse, y luego aceptar una respuesta negativa, en si te han servido de algo tus últimos diez años de ejercicio profesional. Creo tener la respuesta. Por lo menos han servido para conocerte. Es muy duro y dificil, conocerse a uno mismo. Creo sincermanete que muchos no nos conocemos, y cuando lo hacemos, miramos hacia otro lado. Creo entender que has tomado la decisión...ADELANTE... has tenido el valor de tratar de conocerte, y parece ser que lo has conseguido. Ahora bien ojo con la puta realidad ... seguimos "in contact".

madison dijo...

Bueno llego un poco tarde, he estado algo desconectada últimamente.
Primero decirte que tu entrada es magnífica, impecable, como siempre.

A mi la vida me ha llevado a desempeñar un oficio que jamás imaginé de desempeñaría, por lo visto lo hago muy bien, o eso me dicen, pero no es lo que yo quería.
No puedo quejarme, a ojos de los demás soy una "triunfadora", pero yo esperaba otra cosa para mi. Tampoco es un trabajo desagradable, no me siento desgraciada ni nada parecido.

A estas alturas de mi vida, he cubierto todas mis resposabilidades y a veces pienso si no sería acertado abandonar para iniciar algo nuevo, algo que me llene de verdad, pero compruebo, no sin pesar que me he convertido en una comodona, me he amoldado a una estabilidad y en cierto modo en una cobardica...

Carlos dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo. Más que vocación es acudir al desempeño de tus tareas sin ninguna amargura, con la sonrisa necesaria para sobrellevar cualquier dificultad.
Por supuesto, comparto contigo el buen hacer de Jim Jarmush y espero disfrutes con el relato que te traje. Eso también me hace feliz. Un abrazo

Jose Lorente dijo...

Quince comentarios en este blog es un récord absoluto. Incluso si descontamos los cuatro que yo he hecho lo seguiría siendo. Así que os quiero agradecer muy especialmente en esta ocasión vuestras aportaciones y transmitiros que me agrada enormemente que os pueda interesar lo que aquí aparece.
Un abrazo fuerte para todos.