martes, 6 de abril de 2010

Y entonces esa música escogida


Me gusta especular sobre las motivaciones que llevan a un director de cine a elegir una determinada música para una escena concreta de alguna de sus películas.

Ponerle melodía a las secuencias previamente creadas por otro me parece admirable, pero soy de los que se vence ante la música, reconociendo en ella que el poder de sugerir imágenes es mayor que el de servirles de mero (que no simple) acompañamiento. Ha habido genios brillantísimos en lo primero, como Max Steiner, Bernard Hermann, Dimitri Tiomkin y Nino Rota*, o incluso compositores consagrados en otras disciplinas que supieron ponerse al servicio del cine con maestría, como Sergei Prokofiev o Dimitri Shostakovich, pero a mí me gustaría hablar hoy aquí de esa música escogida.

La música está ahí, no diré que toda pero sí la suficiente, y la habilidad del director (en el caso que estoy planteando) consistiría precisamente en saber elegir la adecuada. No quiero decir, por tanto, que la música sea el detonante de la escena, porque entonces se pueden cometer graves errores de interpretación (por no decir de adivinación). Sí se trata, sin embargo, por parte del director, de reconducir el poder de sugestión de la música hacia el terreno que le interese en las secuencias que considere oportunas.

De este modo no es que se obtengan mejores resultados necesariamente, ni que funcione mejor la película; es simplemente que me gusta coincidir en determinadas selecciones, igual que me disgusta cuando pienso que no ha sido acertada la elección. Además, es una opción muy socorrida cuando la producción anda justita de presupuesto (y que me perdonen los compositores de bandas sonoras que bastante mal deben estar pasándolo ya con la que está cayendo).

Pocos lo han hecho tanto y tan bien como Kubrick. "2001, Una odisea del espacio", "La naranja mecánica" o "Eyes wide shut" son paradigmáticas en este sentido, pero voy a citar "Barry Lyndon" porque siento especial debilidad por el Andante con moto del segundo trío para piano de Schubert y cómo lo utiliza el director en tres escenas clave de la película: la calma del balneario donde Barry conoce a Lady Lyndon y su primer acercamiento, sin palabras; cuando se separan y él vuelve cojo a su antigua vida; y en la última escena cuando Lady Lyndon firma los pagarés.

Me encanta la sutilísima entrada de "Sacrificio" de Andrei Tarkovsky con el aria para contralto "Erbarme dich, mein Gott" de la segunda parte de la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach mientras se muestran los créditos sobre detalles de una "Adoración" de Leonardo. Toda una declaración de principios.

Me maravilla la fuga para piano en do mayor de Shostakovich en la escena de "Smoke" de Wayne Wang en la que William Hurt va pasando las páginas del álbum de fotos junto a Harvey Keitel.

Y qué decir del Adagietto de la quinta sinfonía de Gustav Mahler en "Muerte en Venecia" de Luchino Visconti, o del segundo concierto para piano y orquesta de Rachmaninov en "Breve encuentro" de David Lean.

Son muchos los ejemplos, así que, si os animáis, podéis dejar los que se os ocurran en los comentarios, pero os pongo una condición más que yo también he aceptado al dejar los míos: que la música no forme parte de la acción, es decir, que no se esté interpretando en ese momento por alguna orquesta, conjunto o solista como personajes de la película, y que tampoco suene en ningún tocadiscos o reproductor dentro de la escena, pues considero que en estos casos la elección por parte del director no es absolutamente desinteresada. Viene a ser lo contrario de lo que postulaban los de Dogma en sus mandamientos sobre cine respecto a las bandas sonoras.

No serviría, por tanto, la escena del abuelo y la nieta con la novena de Bruckner sonando a todo volumen en el reproductor en "Saraband" de Bergman, de la que ya os hablé hace algún tiempo, ni la de "La muerte y la doncella" de Polanski en la que se interpreta el cuarteto de Schubert en una sala de conciertos y después se hace sonar en un radiocassette, ni la de La mamma morta en "Philadelphia", ni Nessun dorma en "Mar adentro", ...


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* Compositor de memorables bandas sonoras para el cine, pero también de sinfonías, conciertos, óperas, música sacra y cantatas, como bien apunta El buscador de tusitalas en su formidable entrada "El cine de Nino Rota" que desde aquí os recomiendo.

21 comentarios:

Carlos dijo...

Jose, entro un primer comentario (y prometo continuar otro día)lo primero para agradecer tu cita. Pero, sobre todo, para confirmar de nuevo que nuestros gustos cuando se acercan lo hacen de una manera estrechísima. La música de Barry Lyndon es una de mis bandas sonoras favoritas y (oh casualidad)la pieza de Schubert siempre me ha parecido la más subyugante. Mira que hay piezas atractivas en esa película como la Cavatina de Paisiello o la pegadiza marcha de Mozart...pero ese movimiento es divino.
La verdad es que Kubrick siempre tuvo buen gusto en las elecciones musicales clásicas (de hecho era una entrada que tenía en mente).Tu hablas de La Naranja Mecánica, pero que me dices de Bartok en El resplandor, es casi más terrorífica La música para percusión y celesta que las propias imágenes, o sea una elección muy sabia por lo sugerente.
Como final te comento una curiosidad en referencia a Nino Rota y Kubrick. Este último se sentía fascinado por los trabajos de Rota para Waterloo de Bondarchuk y Guerra y Paz de Vidor y propició un encuentro para que el compositor musicara su Barry Lyndon, pero Rota cuenta que Kubrick le limitaba mucho su fantasía y quería imponer sus elecciones musicales de fragmentos clásicos que eran difícilmente adaptables o sustituibles por otros. Nunca sabremos que podría haber hecho Rota, pero las elecciones de Kubrick siempre me han parecido óptimas. Un abrazo.

Jose Lorente dijo...

Lo que cuentas de Nino Rota y Kubrick encaja perfectamente con la esencia de lo que pretendía transmitir en esta entrada, y dice mucho en favor de ambos: del músico que no quiso someter su genio creativo a los caprichos del director, y del director que supo encontrar por sí mismo las músicas que necesitaba en el interminable universo de las partituras ya creadas.

Es formidable el afán de perfeccionismo de Kubrick que en la mayoría de casos no se conformaba con las versiones ya grabadas de las piezas que seleccionaba, sino que contrataba a nuevos intérpretes y asesores para que las ejecutaran a su gusto, incluso, en algunas ocasiones, en nuevos formatos distintos del original.

Es comprensible que Rota no quisiera formar parte de sus proyectos cuando el sello "Kubrick" lo fagocitaba todo.

Muchísimas gracias por este comentario que tanto aporta a la entrada, y que en esta ocasión nace de una de las muchas afinidades que compartimos.

Un abrazo.

Isabel Martínez dijo...

Mi queridísimo José, os habéis puesto de acuerdo tú y Carlos para deleitarnos con tanta altura musical. Sé que es casualidad, pero os estampo dos sonoros besos a cada uno, porque estáis de escándalo.

Citas Barry Lyndon, con ese Schubert maravilloso, que suena mejor -si cabe- en esa película exquisita y deliciosamente decadente (por el mundo que refleja, claro).
Y también 2001, con esa otra música tan distinta, pero tan igualmente fascinante.
Y "La muerte en Venecia", de Visconti, con Mhaler para terminar de herirnos de belleza. Si Thomas Mann la hubiera visto, estoy segura que la habría aplaudido con ganas, porque mira que es difícil sacar una buena película de una espléndida novela o relato.

La que no he visto es la de David Lean. Me la apunto.

Me viene ahora a la memoria también la absolutamente envolvente, in crescendo, de "El piano". Ahí descubrí a Michael Nyman, un clásico actual.
Haré más memoria, a ver si me acuden más, porque Carlos con las melodías actuales (ay, la mediterránea de Amarcord) y tú con las clásicas, es como para morirse del gusto.

No soy entendida, pero amo la música. Siempre ha sido así. No puedo vivir sin ella. La considero la más excelsa de las artes, la que mejor trajina las emociones.

Enhorabuena por esta entrada tan jugosa y un besazo para ti y otro para Paloma (nos supieron a poco las dos horas en vuestra compañía; si vieras la de cosas que me habría gustado preguntarte, comentarte... y que no dio tiempo, pero habrá más veces, querido amigo).

Antonio Parra Sanz dijo...

Hablando de música, a ver si te acuerdas de esta foto. Ahora sólo falta que yo sepa cómo incluirla en este comentario.

Es una pena, no sé cómo poder ponerla aquí, pero tiene que ver con tu época de cantante rockero, algo que no sé si la gente sabe. Se agradecerán consejos acerca de cómo subir una foto en los comentarios.

Carlos dijo...

Vuelvo por aquí Jose porque me has dejado pensando en películas donde la música clásica refuerza las imágenes.
Una de las que más me gusta y siempre la relaciono con la película es la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis de Vaughan Williams para Remando al viento y especialmente en la escena en la que salen a remar al lago, aunque acaba convirtiéndose en leit motiv de la tragedia y el monstruo. Tiene otras piezas soberbiamente escogidas como el Air de la Suite Holberg de Grieg que suena en el entierro de Polidori. Por cierto que la pieza de Vaughan Williams, siempre efectista, también sale en Master and Commander.
Me vienen a la memoria buenas elecciones como Excalibur o Delitos y faltas pero aquí me quedo de momento y cedo la palabra.
Por cierto Isabel, de Michael Nyman habría mucho que hablar y aunque en sus últimas obras se ha edulcorado tiene una primera etápa muy discutible. Creo que es un poco estafador de música. Un abrazo para todos

Ms. Frutos dijo...

Cuando leí tu entrada pensé ¿Cómo voy a opinar con tanto nivel que hay por aquí? ¿qué puedo aportar?, pero resulta que esta entrada tuya le deja a uno pensando y te lo creas o no me he pasado todo el día tratando de recordar esas bandas sonoras que se le graban a uno en la memoria para siempre. Así es que aunque mi aportación no sirva para mucho ahí va, me quedo con el tema de The Deer Hunter, Cavatina. Estaba pensando en otra, pero no sé si se ajusta a lo que tú proponías en tu entrada, lo cierto es que si tuviera que escoger una película del cine español escogería Canciones para después de una guerra, nada nuevo musicalmente, pero eso de explicar la postguerra a través de su música me llegó.

Isabel Martínez dijo...

José, me he acordado del director inglés Ken Russell, un absoluto melómano, como bien lo demuestra toda su filmografía (Strauss, Mahler...).
No te puedes figurar cómo gocé de "La pasión de vivir" cuando era una jovencilla y escuchaba a Tchaikovsky a todas horas (su VI, o Patética, era puerto obligado en todos los desengaños amorosos, jajaja).

También me he acordado de "Amadeus", de Milos Forman (aunque no me gusta demasiado la visión que da de Mozart).

Llevas razón, Carlos. Habría mucho que hablar sobre Michael Nyman. Mi gusto por su música está muy parcializado en algunas cosas. Pero, en la película que cité, "El piano", la música es aplastantemente bella.

Besos a todos.

Jose Lorente dijo...

Queridos amigos:
Muchísimas gracias por vuestros comentarios. Veo que el tema despierta interés, lo cual me alegra enormemente.

Querida Isabel:
Tienes que ver "Breve encuentro". Te encantará. Hablé de ella en el Club en la entrada sobre erotismo, aunque no es una película erótica, pero trata el deseo de una forma magistral, apoyándose constantemente en la música de Rachmaninov. Una curiosidad es que película y música son contemporáneas, ya que el compositor era un romántico fuera de época.
"El piano" es una película magnífica, con una música preciosa, indudablemente, pero no sé si le va muy bien. Creo que con las melodías de Nyman se introduce un anacronismo que chirría dolorosamente. Esas sonoridades no encajan en el contexto de mediados del XIX en el que se desarrolla la trama, por lo que a pesar de ser aplastantemente bellas, como dices, no favorecen al relato.
Las primeras que dices de Ken Russell o Amadeus las dejo fuera porque la música forma parte de la narración y la elección por parte del director es interesada. Lo mismo sucede con "Amor inmortal" (Beethoven), "Sinfonía de primavera" (Schumann) o "Pasión inmortal" (Brahms, Schumann), por citar algunas buenas películas en este sentido.
"La pasión de vivir" no la he visto, pero lo solucionaré rápidamente, porque esa sinfonía de Tchaikovsky es de mis favoritas, y porque el título original ("The music lovers") promete.
También se nos hizo corto a nosotros. Fue una bonita mañana en Cartagena. Un abrazo fuerte para los dos.

Querido Antonio:
No se pueden subir fotos a los comentarios, y no sé si debería decir "lamentablemente" por la amenaza que supone para mí que vean la luz según qué imágenes. No os preocupéis que no tengo nada que esconder. Mi etapa de rockero no ha muerto como podéis ir siguiendo en el blog de Monsieur Laurent, mi alter ego casposillo. Lo que no entiendo es cómo no nos llamaron entonces para tocar en el Palau de la Música o para hacer alguna banda sonora con Garci.

Querido Carlos:
Las piezas de Vaughan Williams y de Grieg que citas son maravillosas. Sin duda lo mejor de esa película, sin olvidarse de la formidable actuación de la jirafa y del oso. El anacronismo (ambas son muy posteriores a la época de la historia que narra la película) se resuelve con solvencia ya que las dos composiciones se hicieron en el "viejo estilo". Por otro lado, Kubrick mismo no tenía ningún problema en cometerlos, y "Barry Lyndon" es un buen ejemplo de ello.

Querida Anabel:
Si hay algo de nivel en este blog es el que vosotros le dais con vuestros comentarios, y con el tuyo estás aportando muchísimo, por supuesto.
No he visto "Canciones para después de una guerra" aunque he podido ver que es un documental interesantísimo que utiliza canciones de moda de la posguerra española. Trataré de verla pronto.
"El cazador" fue una de las películas que más me impactó en su momento, y la Cavatina le va muy bien, creando esa atmósfera entre la melancolía y el desasosiego. No me atrevería a comparar a Stanley Myers con algunos otros nombres que se han dado por aquí, pero me parece una buenísima elección.

Os propongo "Senso" de Visconti y la séptima de Bruckner.
Había pensado también en la escena memorable de la barbería en "El gran dictador" con la danza húngara de Brahms, pero suena desde una radio y es una elección interesadísima por parte de Chaplin y por tanto no cumple los requisitos. Tampoco los cumple la escena de los helicópteros en "Apocalypse Now" con la carga de las Valkirias de Wagner, al formar parte de la trama, pero también tenía ganas de citarla por lo que os pueda sugerir.

Un abrazo fuerte para todos.

Carlos dijo...

Por cierto, insistiendo con suma pesadez, "Senso" tiene la sinfonía de Bruckner adaptada por Rota. Perdona pero es que este hombre fue muy grande.
P.D. Aunque quieras no entraré al trapo con "Remando al viento". Cine de nivel cultural en España aunque pese y muy superior al Ken Russell (ya que se cita aquí) de Gothic que también trataba el mismo tema. Un abrazo con nota.

Paloma dijo...

A mí me gustó mucho Azul de Kieslowski, donde la banda sonora es parte fundamental de la trama y considero además que muy acertada (música de Preisner, amigo y colaborador de Kieslowski en numerosas películas – trilogía “Azul, Blanco, Rojo” y en “La doble vida de Verónica”, además de participar en múltiples bandas sonoras).
Por eso Jose no sé si entra exactamente dentro de los parámetros que defines, porque aunque no se interpreta por personajes de la película, ni suena en ningún tocadiscos o reproductor, se puede entender que forma parte del argumento y está creada a propósito para la película. Si no, la tachas y ya pensaré otra.
Besos.

Jose Lorente dijo...

No sabía que Rota hubiera intervenido en "Senso".
Grande Rota, ¡muy grande!
Reconozco que no he sido muy sutil tendiendo el trapo con respecto a "Remando al viento", pero pensando en los actores me quedo sin dudarlo con la jirafa y el oso. En el resto se pueden reconocer algunas buenas intenciones: la música, las localizaciones, la historia, la dirección artística; pero de verdad que en mi opinión los actores la arruinan completamente.
Un abrazo enorme y lo que siempre te he dicho: un placer compartir contigo tanto las afinidades como las desavenencias, de las que aprendo de ti por igual.

Me parece que Preisner es un compositor de bandas sonoras en toda regla y que, en su relación con Kieslowski, trabajaba en sus composiciones teniendo en cuenta las películas. Es por eso que no entraría en nuestra lista según los criterios establecidos arbitraria y caprichosamente por mí, pero el que tenga ocasión de ver "Blue" en una sala con una buena acústica y el volumen al máximo, indudablemente disfrutará muchísimo de la película y de su música estupenda y sobrecogedora.
Muchas gracias por el comentario y en cuanto te vea te estampo un sonoro besazo.

Os dejo un par de propuestas que a buen seguro os gustarán a los dos (y a los demás espero que también, claro): "Misery" y el primer concierto para piano de Tchaikovsky en la escena en que él escribe sentado en una silla de ruedas martilleando la máquina como si fuera un pianista enloquecido, y el arranque de "Manhattan" de Woody Allen con "Rhapsody in Blue" de Gershwin sobre el perfil de los rascacielos y ese clarinete elevándose aún más arriba en glorioso glisando.

Carlos dijo...

Aunque ya no recuerdo "Misery", me quedo con la pieza y por supuesto con "Manhattan" (toda ella). Para finalizar bien todo te propongo La danza del sable en "Uno,dos, tres" de nuestro admirado Wilder por ser la única película capaz de acogerse a ese endiablado ritmo(aunque suene con la banda). Abrazos para la pareja.

Ms. Frutos dijo...

Se me había olvidado, una de mis películas favoritas y su música, toda, toda su música, Once Upon a Time in America y el magnífico Ennio Morricone y claro si hablamos del maestro, pues de paso cito La misión.
Un saludo

Thornton dijo...

Buenos y musicales días.
Jose, ese trío de Schubert, ese andante, que estoy tatareando en este instante, es una de mis páginas de cámara schubertianas más queridas, junto al quinteto de cuerda en do y la sonata Arpeggione.
Ya que has citado a compositores consagrados que se asomaron al cine, creo que es obligado recordar a Korngold: "Robin de los bosques", "Of Human Bondage"...
En la película "Hijos de un dios menor". William Hurt es un profesor en un colegio de sordomudos. Hay una escena donde trata de transmitir a una alumna, mediante el gesto, las sensaciones que experimenta escuchando música. En ese instante suena el 2º movimiento del concierto para dos violines de Bach, BWV 1043. ¡Uf!
Un abrazo.

Thornton dijo...

P.D. Se me olvidaba felicitarte por la entrada tan redonda que has escrito.
Redonda porque, como siempre, está muy cuidada y con un estilo que deslumbra. Pero, además, has encontrado un enfoque muy original. Y, además, se complementa con la también magnífica entrada de Carlos.¿Se puede pedir más?
Otro abrazo.

Jose Lorente dijo...

Gloriosa escena la de "Un, dos, tres" y acertadísimo comentario el que haces. La danza suena en la banda del local pero hubiera sido injusto no citarla en esta entrada aunque no cumpla los requisitos. Y siempre se goza recordando a Wilder, por supuesto.

Yo diría que Morricone es el típico compositor de bandas sonoras, y que las dos que mencionas, espléndidas ambas, fueron escritas específicamente para sus correspondientes películas. Insisto en que esto no significa que sean músicas menores. Alguna vez he escuchado a algún pianista interpretar como bis un arreglo de "La misión" en algún recital en sala de conciertos.

Esa escena de "Hijos de un Dios menor" es fantástica, ya que muestra la incapacidad de transmitir con palabras (o gestos en este caso) el poder para conmover que posee la música. Ese movimiento del concierto de Bach es un buenísimo ejemplo, pero en la película forma parte de la acción ya que William Hurt lo hace sonar en el tocadiscos.
Grande Erich Wlofgang Korngold, aunque las músicas de las dos películas que citas son bandas sonoras originales.
Tu posdata, aunque, como bien sabes, bien recibida, la considero innecesaria, pues cualquier comentario tuyo dejado en este blog es ya para mí un halago y lo interpreto siempre como una gentileza por tu parte.

Sé que es una tontería de ejemplo, pero ayer después de cenar al acabar las noticias haciendo un poco de zaping pillé en la sexta una escena de James Bond cepillándose a una rubia macizorra en la que sonaba de fondo el segundo movimiento del concierto Emperador de Beethoven.

Muchísimas gracias por los comentarios y a seguir con los oídos alerta, si puede ser (que a buen seguro lo será), en mejores películas que la que acabo de citar.

Un abrazo para todos.

BLANCO dijo...

Tema peliagudo el de la música de las películas -más bien el de las escenas de las películas-. A mí, en términos generales, suele sobrarme. Aunque a veces, me falta.
Cuando imágenes -y diálogos- emocionan, conmueven, o simplemente resultan eficaces sin música, no necesitan de la música.
En cualquier caso, me parece interesantísima tu entrada. Y también me lo parecen los comentarios, los de Carlos, los tuyos...
Sigo leyendo a los que saben. Abrazo.

madison dijo...

Me quito el sombrero ante el pedazo de entrada y comentarios.

Jose Lorente dijo...

A veces, analizando con amigos alguna buena película que acabamos de ver, después de un rato de comentarios alguien apunta que no había música y es como si a todos nos pillara por sorpresa, aunque es algo que sucede a menudo: buenas películas que prescinden del acompañamiento de la música. Podríamos pensar en hacer una lista de esos títulos en los que la falta de música no es una carencia sino intencionalidad manifiesta, pero permíteme, amigo Blanco, reproducir aquí una anécdota que quizás conozcas pero que viene muy al caso en este debate, respecto a "Náurfagos" de Hitchcock, y que yo no sé si creer al pie de la letra pues dudo que el bueno de Alfred se quedara sin palabras ante ninguna situación:

Hitchcock decide que no habrá música en la película.
Friedhofer (quien debía escribirla) manda a preguntar a Hitchcock por qué tomó esa decisión.
Respuesta de Hitchcock: busco realismo, y la gente preguntará de dónde sale la música en una película que transcurre en un bote que va a la deriva en el océano.
Respuesta de Friedhofer: Decidle a Hitchcock que me diga de dónde sale la cámara y yo le digo de dónde sale la música.
Friedhofer escribió su música. Hitchcock la usó.

Muchas gracias Madison por la parte que me toca, pero sinceramente pienso que en esta ocasión vuestra participación ha sido determinante.
La próxima entrada va de sombreros y música, así que espero que la encontréis interesante y que os animéis a comentar.

Un abrazo para todos.

Paloma dijo...

Qué buena anécdota la de Hitchcock.

De todos modos, yo entiendo su postura: ya sabemos que estamos viendo una película y que hay una cámara y que no es real lo que está pasando, pero, a pesar de todo, el hecho de no ponerle música puede ayudar al realismo de la escena.
Besos.

Jose Lorente dijo...

Sabía que te gustaría.

Música o no es una decisión del director. Es otro de los elementos con los que puede contar para ese gran artificio que es el cine, igual que la iluminación, el maquillaje, el guión, o los movimientos de cámara. Lo importante es usarlos bien, y eso, en ocasiones, significa saber prescindir de ellos, como lo del director de orquesta que conoce el momento en el que debe guardar la batuta.

Besos.